Mi primer encuentro con Ricardo Jiménez se produjo entre junio y julio de 2018, en la galería Tresy3, donde él era el curador encargado de las exposiciones fotográficas. Desde el principio, su presencia transmitía tranquilidad, algo muy distinto al ritmo acelerado de la ciudad. Yo era una de sus seguidoras y, en aquella ocasión, le hablé sobre mi programa de radio dedicado a la fotografía venezolana, Diafragma 5.6 Radio, un espacio que buscaba dar voz a los fotógrafos y sus obras. La primera vez que lo entrevisté fue en enero de 2019, con motivo de su publicación de su Photobolsillo, lanzado por La Fábrica. Luego, durante la pandemia de la Covid-19, volvimos a conectar para conversar sobre su serie Un fisgón más. Finalmente, lo entrevisté con motivo de su exposición fotográfica Bitácora en la galería Le_Mur, en España.
Lo que más me cautivó de su trabajo fue su técnica; la forma en que sus imágenes lograban comunicar tanto con tan pocos elementos. Cada fotografía reflejaba silencio, nostalgia y un profundo vacío que resonaba en el espectador. A medida que nuestras conversaciones se sucedieron, fui descubriendo a un ser humano excepcional, abierto a enseñar y guiar a través de sus conocimientos. Muchos de los fotógrafos que había curado resaltaron su meticulosidad y cuidado al elaborar el discurso de cada serie. Ricardo no era únicamente un maestro de la fotografía, sino también un defensor de la crítica constructiva; fue él quien inspiró la creación de la sección El Revelado en mi programa, donde muchos fotógrafos enviaban sus obras para ser comentadas en vivo con el invitado del día.
El legado fotográfico de Ricardo Jiménez es significativo; un vasto registro documental que abarca toda su trayectoria, con obras publicadas e inéditas que, sin duda, pronto verán la luz. Por eso, he decidido publicar estas entrevistas como un tributo a su vida y trabajo, y para dar a conocer su legado a las nuevas generaciones. Las conversaciones que sostuve con él están disponibles en el canal de YouTube de mi programa Diafragma5.6 Radio, para que su visión artística y su pasión por la fotografía sigan inspirando a otros.
"Para mí, la fotografía debe contener un misterio, debe generar preguntas en quienes la observan. Lo interesante es que cada persona se formulará sus propias preguntas y verá su propia historia en esa imagen. Lo esencial es que exista un enigma, como si fuera un relato inconcluso que cada uno se encarga de completar" Ricardo Jiménez
Primera entrevista: El maestro, entre el azar y la incógnita
(17 de enero de 2019, programa número 13 de Diafragma 5.6 Radio)
En esta conversación, Ricardo nos habló sobre la publicación de su Photobolsillo, editado por La Fábrica, dentro de la Biblioteca de Fotógrafos Latinoamericanos. Reflexionó sobre la complejidad de la fotografía, afirmando:
«Para lograrlo hay que trabajar. Así como un escritor debe leer, el fotógrafo debe estar constantemente viendo fotografías. Es un proceso continuo».
A lo largo de la entrevista, exploramos la conexión entre su formación en psicología y su enfoque fotográfico, así como su experiencia en Londres, que marcó un antes y un después en su carrera.
¿Cuándo incursionó en la fotografía por primera vez? ¿Fue por casualidad o buscaba satisfacer alguna necesidad artística o intelectual?
“Comencé, te voy a decir la verdad, porque me parecía interesante. Siempre veía la fotografía en las revistas y me daba curiosidad. Pensaba: «Oye, esto debe ser fácil, haces clic y ya». Empecé tomando algunos cursos, pero mientras más profundizaba, más me daba cuenta de que era todo lo contrario. La fotografía es difícil porque implica plasmar lo que llevas por dentro. Es decir, cuando miras por el visor, debes ordenar todo lo que tienes dentro en ese pequeño rectángulo. Fue entonces cuando me metí a una escuela de fotografía. Recuerdo que era dirigida por dos españoles, padre e hijo, en Altamira, la Escuela Frías. Ahí aprendí los aspectos técnicos como revelar fotos, y poco a poco me fui sumergiendo en este mundo.
Trabajé también con un amigo, Edgar Yanes, que estaba en producción cinematográfica y me propuso hacer las fotos fijas de las películas. Esa experiencia fue increíble, porque podía observar cómo el director de fotografía montaba las luces, la escenografía… Todo eso me marcó mucho. De repente decidí que era el momento de profundizar más y me fui a estudiar a Inglaterra”.
Mencionó que pensaba que la fotografía era fácil, simplemente apretar el disparador. Sin embargo, ¿Cómo logra transmitir sus emociones o pensamientos a través de sus fotografías?
“No es fácil, en absoluto. Cada uno tiene sus exigencias y ciertos parámetros. De tanto ver fotografía y leer libros sobre el tema, uno va formando una idea de lo que quiere lograr. Y para lograrlo, hay que trabajar. Así como un escritor debe leer, el fotógrafo debe estar constantemente viendo fotografías. Es un proceso continuo”.
¿Cree que su formación en psicología ha influido en su obra fotográfica?
“Debe haber alguna relación. Aunque nunca terminé la carrera de psicología, algo de eso queda. Recientemente, José Antonio Parra escribió una reseña muy bonita sobre mi libro, y mencionaba que mis imágenes tratan de captar lo efímero de la existencia. Eso me pareció acertado, sobre todo porque la nostalgia, la tristeza y la melancolía son aspectos que siempre he querido transmitir en mis fotos. No me gusta hablar mucho de mi obra, prefiero que sean otros quienes lo hagan, pero sí creo que hay una conexión entre la psicología y mis imágenes”.
¿Por qué no le gusta hablar de sus fotografías?
“Bueno, porque a mí lo que me gusta es tomarlas. Yo hago una fotografía y se la doy a la gente para que la vea. La verdad es que no me pongo a analizarla yo mismo. Me gusta más que lo hagan los demás. Sobre todo, me gusta mucho que los poetas hablen sobre mi fotografía, me siento muy, muy honrado de que los mueva a ellos de alguna manera. Entonces, un poeta hablando de una fotografía es una maravilla, porque empieza a sacarte cosas y cosas que realmente ni te imaginabas que estaban ahí”.
Hablando de su estadía en Inglaterra, ¿Cómo influyó en usted esa experiencia fuera de Venezuela?
“Fue fascinante. Pasar de Caracas, que es una gran ciudad, a Londres, que es una megaciudad llena de cultura y experiencias, fue impresionante. Me fui a Inglaterra por aventura, sin nada preparado. Recuerdo que, al llegar, me dijeron que debía registrarme en el consulado, y ahí me hablaron de un muchacho venezolano que estaba estudiando fotografía: Ricardo Gómez. Eventualmente nos conocimos, me dio varias recomendaciones y terminé estudiando allá. Fue un tiempo en el que la fotografía estaba muy viva en Londres, con mucho movimiento a nivel institucional y artístico”.
Después de vivir en Inglaterra, regresó a Venezuela en los años 80 y desarrolló una serie fotográfica de Caracas. ¿Cómo cree que cambió su enfoque si fotografiara la Caracas de hoy?
“La gran diferencia ahora es el miedo a salir a la calle. Antes desarrollé una serie que se llamaba La noche en Caracas, y caminaba por la ciudad tranquilamente tomando fotos, nunca tuve ningún problema. Hoy, ese miedo es lo que más me afecta. Caracas sigue siendo fascinante, pero es más difícil fotografiarla”.
El poeta venezolano Igor Barreto, amigo y colaborador de Ricardo Jiménez durante más de 40 años, recuerda cómo el fotógrafo realizó en tiempo récord las imágenes para el libro Carreteras nocturnas, fotografiando el trayecto de Maracaibo a Caracas en apenas dos días. Esa serie terminó trascendiendo las expectativas iniciales, convirtiéndose en una exposición en el Ateneo de Caracas. También compartieron otros proyectos, como una serie sobre las caucheras, donde Barreto le sugería a Ricardo una aproximación visual influenciada por Rembrandt y Goya. Para Barreto, Jiménez era «el fotógrafo más importante de Venezuela», destacando su generosidad y humildad.
“Conocí a Ricardo Jiménez en Londres, en 1976, y desde entonces cultivamos una amistad de más de cuatro décadas. Compartimos viajes por el norte de Inglaterra, fotografiando lugares a nuestra manera, y llegamos a exponer juntos en varias ocasiones. Nuestro trabajo en Venezuela nos consolidó como un dúo inseparable, al punto que nos llamaban Ricar2. Dependíamos siempre el uno del otro. Solíamos bromear cuando nos preguntaban: “Pero ¿Quién es el fotógrafo?”. La gente tenía curiosidad por saber quién miraba por la cámara, y nuestra respuesta siempre era la misma: no había un único fotógrafo, éramos asistentes mutuos. La trágica noticia de su accidente me dejó en shock; su partida fue devastadora e
inesperada”. Ricardo Gómez Pérez
Su más reciente libro es la segunda publicación que ha lanzado. ¿Cómo nació ese proyecto?
“El libro forma parte de la colección Fotobolsillo de La Fábrica, una editorial en España que se dedica a la difusión de la fotografía. Me invitaron a ser parte de esta colección antológica de fotógrafos, en la que ya habían participado otros venezolanos como Tito Caula y Alfredo Cortina. Para mí, fue un honor. El proceso fue muy interesante porque seleccioné las imágenes con la ayuda de varias personas cercanas a mí, como mi esposa, mi hija Lucía, y amigos como Igor Barreto y Vasco Szinetar. El resultado final es una secuencia que, más allá de ser simplemente una colección de fotos, tiene una narrativa”.

La foto de la portada, Azar vigilado, ¿cree que refleja lo que desea transmitir en su obra?
“Es una mezcla de azar y composición. La tomé un 12 de octubre en El Pilar, en Sucre, durante una feria. Había un señor con un juego de dados y detrás de él, casualmente, un policía vigilando. El título juega con esa imagen del azar, pero a veces el título toma vida propia y le da otra lectura a la fotografía”.
Ha mencionado que prefiere usar Leica. ¿Por qué esta cámara?
“Empecé con cámaras más accesibles, pero cuando llegué a Inglaterra, Ricardo Gómez me introdujo al mundo de la Leica. Desde entonces, me he identificado plenamente con esa marca, aunque siempre las he comprado de segunda mano porque son costosas. Actualmente, tengo una M6 de rollo y también una digital para trabajos comerciales, pero mi obra personal sigue siendo en analógico”.
¿Cuál es su próximo proyecto?
“Estoy en lo que llamo un «intervalo», buscando qué hacer. Ahora mismo estoy desarrollando una serie de imágenes acompañadas de haikus, pequeños poemas japoneses. Es un proyecto que me tiene muy emocionado”.
Para cerrar, una frase que el defina como fotógrafo.
“Yo insisto en que es el azar y la incógnita”.
Segunda entrevista: El maestro fisgón
(16 de mayo de 2020, programa número 74 de Diafragma 5.6 Radio)
Durante los primeros meses de la pandemia de la COVID-19, entrevisté a Ricardo Jiménez. Este período trajo cambios drásticos a nivel global, afectando las dinámicas sociales, económicas y los procesos creativos de los artistas. Sin embargo, Ricardo aprovechó el confinamiento para desarrollar la serie Un fisgón más, utilizando binoculares para observar y documentar su cotidianidad a través de las ventanas de su hogar.
¿Cree que lo que aparenta ser una nueva realidad para la sociedad va a influir en la fotografía?
“Claro, pero no todavía. Me imagino que los artistas van a dedicarse más a ellos mismos. Esta pandemia, toda esta situación tan particular, ha influido en eso: ha inspirado a que uno se preocupe más por sus propios asuntos, por poner las cosas en orden, por resolver lo que está pendiente. Me imagino que cada cosa que uno está haciendo invita a reflexionar, y eso lleva a crear nuevo trabajo. Creo que eso es lo que está ocurriendo en este momento.
Yo, por ejemplo, estoy revisando mi archivo de negativos, tratando de poner todo en orden. Estoy escaneando fotografías viejas, de cuando era estudiante en Inglaterra. También estoy organizando fotos de mi familia y amigos, pensando en hacer algo con ellas eventualmente. Es un proceso que arma nuevos cuerpos de trabajo a partir de lo viejo”.
¿Y en ese proceso de revisión de sus archivos, qué ha encontrado? ¿Le ha llevado a alguna reflexión? ¿Ha cambiado su manera de fotografiar o tiene nuevos intereses?
“Creo que la búsqueda se mantiene. En ese tiempo, mi mirada era más inocente, pero es la misma búsqueda de antes y de ahora: siempre buscando lo desconocido, lo insólito, la magia de la fotografía. Aunque «magia» parezca una palabra sencilla, es lo que realmente es. La fotografía tiene esa capacidad de crear momentos a partir de la realidad, logrando cambiarla o abstraerla para crear una segunda realidad. Siempre digo que los magos nos asombran cuando somos niños, pero al crecer nos damos cuenta de que todo es un truco. Con la fotografía es diferente, porque es verdadera magia; creas una nueva verdad a partir de la imagen”.
¿Los fotógrafos tenemos algo que aportar a la sociedad considerando la pandemia y sus efectos?
“Sí, claro. Cada uno aporta lo que puede. Algunos lo hacen desde una crítica social o con mensajes de denuncia, mientras que otros simplemente documentan el día a día, lo cotidiano, desde su perspectiva. Es importante que todo esto quede registrado para el futuro. No solo vivimos en un momento político particular, sino también en un desafío global con esta pandemia, y tenemos que ver qué hacemos con eso”.
"Ricardo Jiménez fue un maestro y un hombre silencioso. Su trabajo fotográfico expresa muy bien esa capacidad poética y de síntesis de retratar el silencio y la oscuridad. Fue también, un poeta en la sombra que logró construir un lenguaje propio, que al igual que su obra fotográfica, nos enfrenta a un artista esencial para nuestra cultura". Vasco Szinetar
¿Cómo ve las nuevas modalidades de exposiciones fotográficas ante las limitaciones impuestas por la pandemia?
“Creo que vendrá mucho trabajo introspectivo. Yo mismo, por ejemplo, he estado observando los rincones de mi casa, fotografiando bodegones. Muchos fotógrafos están haciendo algo similar, otros se están tomando fotos desde las ventanas, capturando lo que ocurre afuera. Algunos hacen autorretratos o retratan a sus parejas. Creo que lo que viene estará muy enfocado en lo personal, en lo íntimo, debido a la situación global”.
Vemos que en Instagram está compartiendo una serie fotográfica llamada «Un fisgón más». ¿Cómo nació esa iniciativa? ¿Qué le inspiró? ¿Qué técnica y equipo utiliza?
“Bueno, en esta situación tan especial que estamos viviendo, todos somos fisgones. Hay una rutina muy particular dentro de la casa, y constantemente nos asomamos a la ventana para ver qué ocurre afuera. Ahora prestamos más atención a detalles como los pájaros que pasan o el sonido de su canto. Es una rutina diaria que nos invita a descubrir cosas nuevas. Muchos fotógrafos están haciendo lo mismo: fotografiando sus casas, los interiores, los rincones, y yo decidí darle un toque extra usando binoculares, para ser aún más fisgón”.

¿Qué pasó en la fotografía que publicó hace poco, donde vemos mucho humo?
“¡Ah!, esa es la magia de la fotografía. Uno puede interpretar lo que ve. Parecía que algo se estaba quemando en la cuadra, que el pino frente a mi casa se iba a incendiar. Pero en realidad era el camioncito que pasa fumigando. Eso es lo bonito de la fotografía: reinterpretar las cosas, crear otra realidad, y dejar que cada persona arme su propia historia a partir de la imagen. No edito mucho mis fotos, solo descarto algunas y escojo la mejor o la menos mala”.
¿Ha pensado hacer algo con este trabajo en el futuro?
“Podría hacer un librito con estas fotos. Tal vez buscar a alguien que me redacte un buen texto y listo. No uso mucho las redes sociales para promocionarme, las utilizo más para apoyar las actividades de la galería Tresy3 o de otros amigos y artistas. Pero esta situación especial me llevó a querer compartir lo que está pasando, y por eso trato de publicar una foto diaria”.
¿Qué le diría a un fotógrafo que se siente atrapado o desmotivado durante esta pandemia?
“Le recomendaría que vea libros de fotografía o explore las redes en busca de inspiración. Es importante identificarse con algún estilo o tipo de fotografía y desarrollarlo de manera personal. Así como el escritor necesita leer, el fotógrafo necesita ver fotografía”.
Tercera entrevista: Bitácora de un Sensei
(28 de mayo de 2022, programa número 168 de Diafragma 5.6 Radio)
Ricardo presentó su exposición Bitácora en la galería Le_Mur, en Madrid, como parte del Festival Off de PhotoEspaña 2022. Fue un logro significativo, dado el reconocimiento de su trabajo fuera de Venezuela. Nos acompaña Luis Julio Toro. Ambos comparten su perspectiva sobre la exposición «Reliquias vivientes del llano», que presenta imágenes de Luis J. Toro y se exhibe en la Casa Hacienda La Trinidad, bajo la curaduría de Jiménez.
¿Qué significa para usted exponer en Madrid, en la galería Le_Mur?
“¡Guau! Me siento muy orgulloso. Que reconozcan tu trabajo fuera de tu país es algo que llena muchísimo. Debo agradecer a mi amiga Diana Vilera, a mis hijas Lucía y Laura, que están en España y coordinaron todo, y a Bernardo Lemur, de la galería Le_Mur. Aunque no he visto la galería en persona, solo a través de fotos, parece un lugar bellísimo y muy bohemio, especializado en fotolibros.
Son 22 fotos. El proyecto siempre ha sido de 22 imágenes. Claro, ahora que reviso los negativos, podría agregar o editar algunas fotos, pero no quitaría ninguna. Quizás algún día hagamos un libro con imágenes inéditas junto a las ya conocidas. Es interesante porque siempre, al hacer contacto con las hojas, elegimos las mejores fotos, pero algunas quedan por allí sin ser notadas. Creo que las fotos maduran con el tiempo; algunas ganan relevancia, otras pierden fuerza”.
Me comentaba que forma parte de un grupo de poesía con el poeta venezolano Igor Barreto. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
“Igor Barreto es un gran poeta venezolano, mi sensei. Lo conozco desde hace más de 30 años, y desde entonces hemos trabajado juntos, combinando fotografía y poesía. Aunque no soy un gran lector, me gusta «robar» versos de los poetas. Cuando tengo una foto, busco en la poesía algo que la complemente, que le dé un título.
Manuel Álvarez Bravo, que conocí en Inglaterra, me recomendó ponerles títulos a las fotos, y esa es la forma en que lo hago. Me cuesta leer poesía, porque es una reinterpretación constante y no es fácil de entender, pero encuentro versos que resuenan con las imágenes”.
“De mis maestros de la fotografía documental, Ricardo Jiménez siempre será un genio, noble, humilde, genuino, dispuesto a guiarte en tu trabajo incondicionalmente. Un hombre muy sensible con nuestra venezolanidad plasmada en imágenes. Siempre agradeceré su amistad y su tiempo para con mi trabajo”. Fanny de Brewer
¿Cómo definiría la fotografía poética?
“Cualquier fotografía buena puede ser poética. Las fotos de Luis Julio Toro sobre el llano, por ejemplo, son profundamente poéticas. Captan la dureza, el trabajo y la violencia de la vida rural, y te sumergen en ese mundo. No se trata solo de hacer clic, sino de componer el cuadro y plasmar lo que uno quiere decir, aunque a veces eso suceda de manera inconsciente”.
Durante la pandemia, hablamos virtualmente sobre su trabajo Un fisgón más. ¿Qué ha pensado hacer con ese proyecto? ¿Sigue «fisgoneando»?
“Ya no veo tanto, la verdad. Tal vez porque el momento de la pandemia ha pasado. Pero durante el confinamiento, asomarme por la ventana y observar el mundo desde ahí fue todo un ejercicio. Ese trabajo fue seleccionado, junto a uno de Aarón Sosa y un texto de Erik Del Búfalo, para un artículo en la revista Sueño de la razón. Fue un proyecto interesante para esos tiempos de encierro”.
¿Cómo ve la fotografía venezolana en este momento?
“Hay una gran actividad fotográfica en este momento, con una participación femenina extraordinaria. Muchos jóvenes están haciendo trabajos muy buenos, tanto en la fotografía documental como en la conceptual. Hay un fuerte cuestionamiento de la situación del país y del mundo: el maltrato a la mujer, la infancia abandonada, la situación política y la conservación del ambiente son temas recurrentes en estos nuevos trabajos”.

Hábleme sobre la imagen titulada Es la misma orilla.
“A mí siempre me han fascinado los uniformes, ya sea el escolar, el de los bomberos o el de un general. Caminando por Caicara, vi a unas muchachas con sus uniformes escolares bajando al río y las seguí. Capturé ese momento mientras hacían un experimento con el agua del Orinoco. Fue una escena sencilla para ellas, pero muy simbólica para mí”.
Las ramas tienen forma casi de animal.
“Esas son las cosas que, inconscientemente, uno incluye en el encuadre y luego toman significado. A veces accidentalmente, pero siempre están allí”.
– Finalizando el programa –
Ricardo Jiménez le pregunta a Luis Julio Toro: “¿Tú consigues alguna relación entre hacer música y hacer fotografías?”
«Para nada. Fíjate que no, no las mezclo. Cuando estoy en una cosa, estoy en una cosa. Las imágenes que me vienen a la mente cuando estoy haciendo música son completamente abstractas, y cuando estoy haciendo fotografía, pienso que no escucho nada. Fíjate, hasta tal punto que yo recuerdo haber estado en España en una época haciendo fotografías, y me tapaba los oídos, me ponía tapones en los oídos y salía a hacer fotografías totalmente en silencio. No quería escuchar nada, solamente ssssssshhhhh…». (Luis Julio emite un sonido con su voz que se asemeja al silencio).
Ricardo Jiménez dejó un legado invaluable para la fotografía venezolana. Sus enseñanzas, su meticulosidad y su visión introspectiva quedan plasmadas no solo en sus imágenes, sino también en las múltiples conversaciones que compartió con quienes tuvimos el honor de conocerlo. Este tributo es una invitación para que nuevas generaciones descubran su obra, un arte que refleja el silencio y la magia de la vida cotidiana. *
Muy amena , instructiva e interesante entrevista, disfruté bastante leyéndola.
Felicitaciones a Mónica.
Entrevista que se llena de importancia luego del fallecimiento de Jiménez. Gracias
Un extraordinario profesional y ser humano. Gracias por compartir.