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Helly Tineo y el primer teatrino "El Maravilloso Mundo de Alicia" (2001)

Helly Tineo:
“No concibo un juguete
sin movimiento”

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El pasado sábado 7 de diciembre, Casa de Hacienda La Trinidad inauguró la exposición Érase… un hombre con un sueño: Helly Tineo. La muestra sobre juguetes de madera, en su mayoría representados en teatrinos, ofrece un recorrido inmersivo en un universo de arte, historia y narrativa visual. Cada sala está pintada con colores vibrantes y saturados que evocan diferentes sensaciones y emociones, creando ambientes cálidos, energéticos y envolventes que sumergen al visitante en un mundo lleno de detalles cuidadosamente elaborados.

Helly Tineo, creador prolífico en el ámbito artístico, ha desarrollado una serie de proyectos emblemáticos que son el enfoque principal de la muestra. Entre estos se encuentran El Maravilloso Mundo de Alicia (2001), El Cascanueces y el Rey de los Juguetes de Madera (2001-2003), Miranda, un caraqueño universal (2006), San Nicolás de Bari (diversas fechas) y La Creación (2023-2024). Además, como parte de su investigación, Tineo ha reinterpretado juguetes inspirados en obras de grandes artistas de vanguardia y ha creado una vasta colección de marionetas, cada una concebida como un universo artístico único, lleno de significados y emociones.

Nacido en Porlamar, Nueva Esparta, en 1941, es un artista que, tras una destacada carrera en el campo de la economía, decidió seguir su pasión por la creación artesanal de juguetes de madera a partir de 1994. Con estudios en la Universidad Central de Venezuela, la Escuela de Londres y la Universidad de Reading, y habiendo ocupado importantes cargos en instituciones como el Banco Central de Venezuela, CAF, CORDIPLAN y LAGOVEN, Tineo dejó una huella profunda en la economía y planificación del país. Sin embargo, fue en la creación de teatrinos, juguetes y marionetas inspiradas en el arte vanguardista donde encontró su verdadera vocación.

¿Qué lo motivó a dedicarse a la creación de juguetes artesanales tras una larga trayectoria como economista?

—Es cierto que el cambio parece un contraste enorme. Sin embargo, cuando ingresé a Lagoven, recuerdo que mi entrevista duró dos días. En una de esas entrevistas, uno de los directores me preguntó: «¿Cuál es su hobby?». Me sorprendió la pregunta porque no entendía qué relación podía tener eso con el cargo al que aspiraba. Él me explicó que cuando uno es viejo necesita tener un hobby para poder soportar muchas cosas. Así que le respondí que mi hobby era la carpintería.

En esa época nació mi primera nieta, Mariana Isabel, y comencé a hacerle juguetes. El primer teatrino que hice fue sobre Alicia en el país de las maravillas, con el propósito de contarle la historia de una forma diferente. Un día, Sofía Ímber visitó mi casa y vio el teatrino. Me preguntó: «¿Esto para quién es?». Le expliqué que lo usaba para jugar con mis nietas, y ella me respondió: «Esto no debería quedarse aquí. Deberías compartirlo con los colegios de Caracas y otras regiones». Su comentario me animó enormemente a mostrarlo.

¿Cómo surgió su interés por la carpintería? ¿Fue algo heredado o estudiado?
—No lo heredé ni lo estudié, fue algo que nació en un momento muy particular de mi vida, un periodo complicado y algo triste. Todo comenzó cuando decidí dejar mi trabajo en LAGOVEN para aceptar una increíble oportunidad en un banco en Caracas. Era un trabajo muy específico y me sentí halagado por la oferta, así que acepté y renuncié a LAGOVEN. Un tiempo después, empecé a desear regresar a mi antiguo puesto, así que hablé con alguien a quien apreciaba mucho y le planteé la posibilidad de reingresar. Sin embargo, aunque me elogiaron como profesional, la respuesta fue clara: “Tu edad te lo impide”. Esa frase me impactó profundamente. Estaba totalmente perdido, pensando en qué haría con mi vida a partir de ahí. Cuando llegué a casa, mi hijo, que es arquitecto, estaba trabajando en un proyecto con prototipos. Lo vi soldando algunas piezas y me ofrecí a ayudarlo, pero no tenía la habilidad necesaria y terminé quemándome varias veces. Un amigo que estaba allí presenció todo esto y me dijo: “Helly, te voy a traer un regalo”. El regalo fue una máquina para cortar madera. Aunque la máquina estaba desajustada y prácticamente tenía que «bailar» para que cortara recto, fue el inicio de algo especial.

¿Qué tipo de madera utiliza y cómo asegura que sean respetuosos con el medio ambiente?

—Al principio usaba madera, madera propiamente dicha. Un amigo, Enrique Reiners, me dijo: “Mira, deberías empezar a utilizar madera industrializada, que en algunos casos es más amigable con el medio ambiente”. Desde entonces, he trabajado con MDF, un material procesado que conserva esa intención de proteger el entorno. El MDF es más trabajoso que la madera natural. Hay que lijarlo, fondearlo, volver a lijar, fondear de nuevo, pintar, barnizar… Todo esto se repite cuantas veces sea necesario. Cada animalito, cada personaje requiere una paciencia enorme, que a veces siento que no tengo.

Hoy, te puedo decir que el 90 % de los teatrinos están hechos con MDF, madera industrializada. En algunas ocasiones recurro a la madera natural, especialmente cuando necesito que el roce no sea tan fuerte. Pero siempre busco mantener un equilibrio entre la funcionalidad y el respeto por el medio ambiente.

¿Cómo selecciona las historias para los teatrinos?

—Cuando empecé, seleccioné los tres cuentos clásicos más importantes. Por ejemplo, hice una obra basada en Alicia de Lewis Carroll, otra inspirada en El Cascanueces de Hoffman, y una más que dediqué a El Mago de Oz. Al principio, mi enfoque era elegir cuentos reconocidos y significativos. Sin embargo, en esta segunda etapa de mi vida, empecé a reflexionar sobre el significado de las fechas importantes. Me puse a investigar y encontré el registro de mi bautizo en un librito que tenía guardado, un poco deteriorado, pero ahí estaba. A propósito de eso, descubrí que me habían bautizado en la iglesia San Nicolás de Bari, en Porlamar. Este hecho despertó mi curiosidad, y me dediqué a estudiar la vida de San Nicolás de Bari. Esa investigación terminó siendo una inspiración para una representación que hice sobre él.

¿Qué desafíos enfrentó para dar movimiento a los teatrinos y marionetas?

—No concibo un juguete sin movimiento. Las marionetas, por supuesto, tienen que moverse, y ese fue un desafío importante. A lo largo de mi trabajo, desarrollé más de 350 mecanismos mecánicos diferentes. De esos, aprendí entre 20 y 25, y con eso me bastó para lograr lo que quería, salvo en un par de casos que me complicaron la vida.

El primero fue el movimiento que representaba a un carpintero. El mecanismo que había diseñado inicialmente no funcionaba como debía, porque la forma en que el carpintero usaba la sierra era distinta a lo que yo había imaginado. Me las ingenié, inventé soluciones, y finalmente logré que el movimiento funcionara.

El segundo gran reto fue en uno de los teatrinos que representa el momento en que Jesucristo parte el pan en el camino de Emaús. Recrear el movimiento de partir el pan y volverlo a unir fue todo un desafío. Consulté a varios amigos ingenieros, pero todos me decían que no era posible. Incluso dejaron de responder mis llamadas porque insistía mucho en encontrar una solución. Pasé semanas dándole vueltas al problema, sin avanzar. Un día, mientras trabajaba en otros teatrinos, vi un compás que estaba usando para dibujar círculos. Fue entonces cuando se me ocurrió: ¡el compás podía ser la solución! Ajusté el mecanismo, y finalmente logré que el movimiento funcionara perfectamente.

¿Qué historias o cuentos le gustaría llevar a los teatrinos, pero aún no ha podido realizar debido a los desafíos que presentan?

—Mira, uno de los que siempre he querido hacer es El Mago de Oz, que de hecho es el teatrino que tiene mi hijo. También me encantaría trabajar en El Principito. Es una historia que ha sido interpretada de muchas formas, especialmente desde un enfoque psicológico, filosófico y educativo. Pero llevarlo a un teatrino sería un esfuerzo enorme, y a mis 83 años realmente es complicado.

Otra de mis frustraciones ha sido no completar la historia de los juguetes. Pero al intentar hacer un teatrino sobre la historia del juguete, me di cuenta que lo más interesante no era contar toda esa evolución, sino enfocarme en los artistas que han creado juguetes. Por ejemplo, Picasso, Joaquín Torres García y hasta Carlos Cruz-Diez diseñaron juguetes. Incluso tuve una experiencia especial con Botero. Una vez, Sofía me dijo: «Vamos a hacerle un regalo a Botero». Homenaje que le hicieron en el Museo de Arte Contemporáneo de Maracaibo, el regalo fue una marioneta mía. Resulta que él vio una de mis marionetas y le encantó. Se rio mucho porque era, “La Putita” cuando tú le das a la marioneta ella levantar su vestido y muestra la pantaletica.

Menciona a grandes maestros del arte, representados aquí en marionetas. ¿Ha pensado en hacerse a usted mismo en marioneta?
—No, soy demasiado feo. Pero a mis amigos, sí. He creado marionetas de varios amigos míos para sus cumpleaños.

¿Qué significa para usted mantener viva la tradición de los juguetes artesanales en un mundo dominado por la tecnología?

—Es una gran preocupación, y te explico por qué. Los juguetes modernos, digitales, electrónicos o de computación son muy importantes porque estimulan ciertas partes del cerebro y fomentan habilidades específicas. Pero el problema está en los extremos. Hay niños que pasan hasta ocho horas frente a una computadora, sin supervisión, jugando. En esos casos, lo que podría ser algo positivo se convierte en negativo.

En cambio, los juguetes tradicionales, como los de madera, tienen ventajas significativas. En primer lugar, estimulan la imaginación. Un niño con un teatrino, por ejemplo, se imagina historias, crea mundos. En segundo lugar, fomentan la creatividad. Un niño puede mirar cómo se mueve una pieza y preguntarse: «¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo puedo hacerlo yo?» Y, en tercer lugar, promueven el desarrollo motriz, aunque no todos los juguetes tradicionales tienen ese enfoque.

¿Le cuesta despegarse de las obras que ha realizado?
—Muchísimo, demasiado. Porque son parte de mí. Desde los 14 años estoy coleccionando arte, y esto viene de mucho tiempo atrás. Evidentemente, he vendido parte de mi colección, y de eso he vivido estos últimos años, especialmente durante esta crisis increíble, este caos total. Cada vez que un cuadro se va de mi casa, es algo que no expreso en público, pero me afecta profundamente. Cuando pierdo una obra, para mí es terrible, es como perder el suelo. Definitivamente, me pega mucho.

¿Cuál es el mensaje que espera que los visitantes se lleven de la muestra?

—Primero, que siempre es necesario tener esperanza. No todo puede ser oscuridad; la luz siempre llega. Eso es fundamental. Esto implica que debemos ser imaginativos, creativos y, sobre todo, comprometidos con la aplicación de nuestros talentos, que es lo más valioso en el ser humano. Cada uno de nosotros ha recibido dones de Dios, y estoy seguro de que, en tu profesión, tienes algo que te apasiona especialmente. Desarrolla eso, hazlo crecer. ¿Para qué? Para compartirlo con los demás, para ofrecer algo valioso a quienes no lo tienen. Ese es mi mensaje: desarrolla tus talentos, conecta con las personas y ofrece algo que deje una huella profunda en ellas.

¿Cómo espera que su trabajo influya en las próximas generaciones de artesanos y jugueteros?

—Yo te dije algo: soy extremadamente romántico y no tengo cura. La medicina no la he encontrado. Si tú tienes alguna, recomiéndamela, por favor. Mira, Papá Dios me ha puesto en posiciones bastante envidiables, y el reto lo he aceptado sin atropellar a nadie. Hoy, con mi trabajo como artesano de juguetes, sigo creyendo en el poder del romanticismo. Si logro que un niño vea un teatrino, un cuento clásico, o incluso abra la Biblia, y eso lo inspire, me doy por satisfecho. Mi lección es simple y humilde: que los juguetes, los cuentos y todo lo que hagamos para los niños estén dirigidos a su formación y progreso mental. No todo puede ser drogas, banalidades o cosas superfluas. Necesitamos ofrecer algo más profundo, algo que siembre un cambio.

¿Cómo describiría el apoyo que ha recibido de su familia en este camino?

—Fundamental. La primera exposición se la dediqué a Eunice Gómez; la segunda, a una mujer que ha protegido el juguete artesanal de forma impresionante, como lo es Carmen Sofía Leoni; la tercera, a Sofía Ímber; y esta última se la estoy dedicando a mi mujer, que acaba de cumplir 53 años, igual que yo. ¿Por qué? Porque ella me ha apoyado incondicionalmente. Mis hijos también: mi hija es diseñadora y fotógrafa profesional, y mi hijo es arquitecto. Prácticamente, formé a las personas que hoy me ayudan.

Mi cuñada es impresionante; tiene unas manos increíbles. Cuando necesitamos trabajar con telas, es ella quien lo hace. Así logramos los Teatrinos de Miranda, creando una colección de títeres con trajes que parecían de príncipes. Ha sido un gran apoyo. Me siento parte de la familia de La Hacienda La Trinidad. Porque ellos también me han apoyado de una forma extraordinaria. Han creído en mí.

Helly Tineo ha logrado, con su obra, trascender las fronteras de la artesanía para ofrecer al mundo un mensaje de esperanza, creatividad y amor por la tradición. A lo largo de su vida, ha sabido fusionar la magia del arte popular con la profundidad de su experiencia personal, demostrando que la pasión y la dedicación no tienen edad ni límites. En su taller, cada pieza es una historia contada a través del movimiento y el color, y cada marioneta, teatrino o juguete de madera refleja la destreza artesanal, una filosofía de vida que promueve la imaginación y el vínculo humano.

La exposición Érase… un hombre con un sueño: Helly Tineo es una invitación a explorar el universo de un hombre que encontró su verdadera vocación en la creación. De preserva una tradición, que también ofrece un legado que inspira a las futuras generaciones a seguir sus sueños y a mantener viva la llama de la creatividad en un mundo cada vez más tecnológico.

Su mensaje es claro: no importa cuántos desafíos se presenten en el camino, siempre hay lugar para la luz, la esperanza y el talento compartido. El trabajo de Helly Tineo es un testimonio de cómo los sueños pueden materializarse y dejar una huella imborrable, no solo en los objetos que crea, sino en las personas que tienen el privilegio de encontrarse con su arte.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Walter

    Muy interesante reportaje, Felicitaciones. Y un saludo afectuoso a Trineo, artista de la imaginación.

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