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José Alirio Sigala

José Sigala: el ojo inquieto

Un 15 de mayo de 1940, en la ciudad de Barquisimeto, nació Alirio José Sigala Venegas, quien más adelante firmaría simplemente como José Sigala. Fotógrafo, orfebre y promotor cultural, fue un artista de múltiples registros, pero con una sensibilidad unívoca: la de captar lo invisible, lo que no grita, lo que se desliza entre las costuras del tiempo. Su mirada, entrenada en el detalle, en la quietud y en la pulsión documental, convirtió lo cotidiano en imagen trascendente y a lo efímero, en memoria.

En 1964, a los veinticuatro años, inauguró su primera exposición individual en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Llevaba por título Fotografías de José Sigala y reunía 66 imágenes tomadas en Londres, Filadelfia, Cabudare, Barquisimeto y Curarigua, el pueblo natal de su padre. En aquellas fotografías, la urdimbre urbana de las grandes ciudades se entretejía con la serenidad de los pueblos del interior venezolano. Pero no hubo compradores. “Las fotos se vendían en ese tiempo, en sesenta bolívares, que no era mucho, pero a todo el mundo les parecían muy artísticas, pero no servían para nada. Nadie me las compró”, recordó el propio Sigala años después, con una mezcla de ironía y resignación. Aun así, donó algunas al museo por sugerencia de Miguel Arroyo. Hoy, esas imágenes representan la primera donación de fotografía que recibió el MBA, y acaso una señal temprana de que el valor de su obra no se medía en cifras.

A lo largo de su carrera, Sigala se deslizó con soltura entre los géneros de la fotografía artística, publicitaria y documental. Fue en esta última donde su sensibilidad encontró mayor campo. En 1971, trabajó en el suplemento Séptimo Día de El Nacional, bajo la dirección de Simón Alberto Consalvi, y también en las páginas sociales del periódico. Su espíritu inquieto y su vocación por lo inexplorado lo llevaron a empujar los límites del encargo periodístico. “Como me gustaba hacer lo que no había hecho antes, de alguna forma, ejercía presión para hacer los trabajos que me interesaban”, confesó. Fue así como emprendió un viaje por Sudamérica, costeado en parte con sacrificios y concesiones. “Me salía más costoso pagar la página completa para publicar mis fotos de lo que me ofrecían por cada una de ellas”, relató. “Por lo cual muchas veces tuve que hacer concesiones”.

Miguel Otero Silva. Foto José Sigala

En 1977, presentó su segunda exposición individual en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC). Allí reunió algunas de sus imágenes más emblemáticas, celebradas por su capacidad de capturar momentos clásicos de la realidad social. A partir de entonces inició una etapa de consolidación profesional. Participó en numerosos eventos internacionales, organizó exposiciones y compartió su conocimiento como docente. Dictó un curso de fotografía en el Instituto Neumann y colaboró en la revista Pandora, otra ventana desde la cual ejerció su vocación de narrador visual.

En 1985, regresó a su ciudad natal para presentar dos exposiciones: una en el Museo de Barquisimeto y otra en el Museo de Arte La Rinconada. Su reconocimiento culminó con la obtención del Premio Nacional de Fotografía en 1990 y el Gran Premio Dimple en 1994. En su última muestra presentó El show de Renny, una serie exhibida en la Biblioteca Nacional, donde exploró con lucidez la teatralidad de la cultura popular sin traicionar su vocación documental.

Set de grabación Carlos Rangel y Sofia Imber. Foto José Sigala

José Sigala murió en 1995. Pero sigue entre nosotros. Está en la densidad de sus encuadres, en la honestidad de sus retratos, en la sombra y el fulgor de cada instante que supo preservar. Fue un fotógrafo de lo esencial, un hombre que creyó que la imagen no debía ser un artificio, sino una forma de comprensión. En sus propias palabras: “hacer lo que no se ha hecho antes”. Y eso, precisamente, fue lo que hizo.

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