El pasado viernes 25 de abril, en la sala de conciertos de la Universidad Central de Venezuela, se celebró un acto profundamente significativo para la comunidad académica y literaria del país: la instalación oficial de la Cátedra Libre Rafael Cadenas. Entre los asistentes, en primera fila y con visible emoción, se encontraba el propio poeta, quien recibió cada homenaje con la sobriedad y la humildad que lo caracterizan. Bajo los altos techos de esta casa de estudios, y con la solemnidad y la emoción que imponía la ocasión, se rindió tributo al maestro de la palabra, al poeta y profesor, al Premio Cervantes 2022, Rafael Cadenas.
En consecuencia, el evento reunió a autoridades rectorales, decanos, profesores, estudiantes, escritores y organizaciones culturales en un acto que combinó pensamiento, poesía y afecto. Fue precisamente el rector Víctor Rago quien abrió formalmente la jornada, acompañado en el estrado por la profesora Irma Chumaceiro, coordinadora de la cátedra. “No pretendemos monopolizar las cátedras libres, sino estimular su multiplicación como espacios de debate, pensamiento y creación”, afirmó el rector en un discurso que remarcó la voluntad del rectorado de fomentar la vida intelectual universitaria.
Por su parte, la profesora Irma Chumaceiro, impulsora incansable del proyecto, hizo una presentación emotiva y precisa del sentido de esta nueva cátedra: “La creación de esta cátedra constituye un espacio académico de extensión universitaria que ha de promover el conocimiento, la difusión y el aprecio de la literatura venezolana… y, por supuesto, de la obra de Rafael Cadenas”. Recordó cómo, hace apenas dos días, en ese mismo lugar, había hablado sobre una obra del poeta en el marco del Día del Libro y del Idioma. Subrayó que la cátedra aspira a tender puentes hacia otros públicos y otras instituciones, dentro y fuera del país, y agradeció de forma generosa a los numerosos colaboradores del proyecto, destacando a Henry Páez por sus fotografías y a la Dirección de Cultura de la UCV, la Fundación para la Cultura Urbana, La Poeteca, el Orfeón Universitario, la Biblioteca Central y la librería El Buscón, entre otros.
Seguidamente, la directora de la Escuela de Letras, profesora Florence Montero, ofreció un saludo cargado de respeto y admiración: “Desde Letras, saludamos de nuevo con gran regocijo tu tolerancia, tu respeto por el otro, tu honestidad… y la humildad que ha caracterizado tu tránsito vital”. Rememoró el impacto de las clases de Cadenas y su manera precisa de elegir las palabras, así como la enseñanza silenciosa del poeta, que siempre “se aparta de la delirante soberbia”. Cerró su intervención con una cita poética que devolvía a Cadenas al lugar de su memoria.

A continuación, la parte central del evento fue una lectura literaria cuidadosamente curada en torno a la obra de Rafael Cadenas. El profesor Rafael Castillo Zapata, con su característico tono reflexivo, presentó su intervención titulada Rafael Cadenas, el desterrado, basada en Los cuadernos del destierro. Aclaró, con humor, que no ofrecería una conferencia, sino una lectura de poemas “con breves comentarios y una pequeña contextualización”. Destacó el contexto trinitario de la escritura de ese libro esencial, publicado en 1960, y la importancia de entenderlo como un registro íntimo del exilio.
Durante el resto de la mañana, diversos poetas y profesores ofrecieron lecturas de textos de Cadenas, cada uno aportando una voz distinta, un matiz particular a la multiplicidad de registros del autor homenajeado. La generosidad entre los lectores fue palpable: respetaron las selecciones de otros, se dieron paso y celebraron el encuentro en torno a la palabra de un maestro. En el ambiente, más allá de la formalidad universitaria, había algo más íntimo: una comunidad que reconocía en Cadenas no solo al poeta laureado, sino al profesor, al colega, al amigo.
Del mismo modo, las voces de Flavia Pesci Feltri, Lázaro Álvarez, Carmen Verde Arocha, Ricardo Ramírez Requena, y dos estudiantes de Letras —Elio Espósito y Mariangela Herrera— dieron cuerpo al lenguaje directo y contenido de Cadenas. La lectura fue rigurosa, sin aspavientos, fiel al estilo del autor. La selección fue amplia, desde los textos breves que buscan la transparencia —“Que cada palabra lleve lo que dice”— hasta visiones de largo aliento como Historia, poema incluido en Memorial (1977), donde Cadenas observa un ejército de espectros recogiendo víctimas: “dentro de cinco, nueve, cincuenta, doscientos años, abriré nuevamente la ventana y la escena no habrá variado”.

Uno de los momentos más destacados, se encontró la lectura de un poema inédito por parte de Ricardo Ramírez Requena, del poeta Rafael Cadenas, dedicado a Beatriz Hernáez. Allí, la voz del poeta, contenida y precisa, vuelve a indagar en la tensión entre el lenguaje y lo real: “Una solicitud incesante se vuelve texto. El tejido se inicia sin promesa”.
Asimismo, una de las sorpresas más conmovedoras del evento fue la participación del poeta Alfredo Chacón, quien, con palabras cargadas de gratitud y afecto, ofreció una lectura muy especial: un poema inédito que eligió como homenaje al “don de gente” de Cadenas, como contrapunto al homenaje más evidente a su “don de palabra”. Chacón, amigo del poeta desde los años sesenta, leyó Las Pases, un texto que indaga, con sensibilidad y hondura, en la relación entre el creador y su creación, entre el yo que busca y el tú que es. Una voz íntima que, desde la admiración, se suma a este gran acto de reconocimiento.
Por otro lado, las palabras de Óscar Marcano, bajo el título El otro mundo de Rafael Cadenas, exploraron las múltiples dimensiones del autor: el poeta, el pensador, el militante desilusionado, el curioso inagotable, el lector de física cuántica, el humorista filosófico, el místico sin iglesia, el joven yudoca, el periodista deportivo, incluso el vendedor de cuadros por razones de militancia. Con humor y lucidez, Marcano retrató a un hombre que ha hecho de la poesía una forma de estar —y resistir— en el mundo.

Finalmente, el acto cerró con la presentación del Orfeón Universitario, bajo la dirección del maestro Raúl López Moreno, interpretando un repertorio que rindió homenaje musical a la sensibilidad venezolana y a la figura de Cadenas. Como gesto final, se le entregó la boina, símbolo del movimiento estudiantil, en reconocimiento a su legado.
En suma, la tarde no solo celebró al autor, sino al hombre íntegro, al ciudadano, al amigo. Un acto donde la palabra fue acto, y el homenaje, comunión.
Felicitaciones mi querido Rafael…!! Creo eres el único primo hermano que me queda …. Con mucho cariño te recuerdo siempre desde la distancia….años que salí de Venezuela y no he podido volver ….. Eddy Luz l!!🤗🥰