Las inspiraciones de Johan Galué nacen de un territorio profundamente emocional, íntimo y simbólico. Según lo que ha expresado en sus propias palabras durante entrevistas y reflexiones, estas son algunas de las fuentes clave que nutren su obra.
A lo largo de treinta y dos años dedicados intensamente a la creación artística, Johan Galué ha recorrido una travesía única en la que la sinceridad, el orden interno y la belleza de la sencillez han dado forma a una obra poderosa. Su trazo (tanto del lápiz como del pincel) es firme, pero no autoritario; revela más de lo que impone. En la última década, Galué se ha dedicado a pintar a tiempo completo, sin artificios ni rebuscamientos; ha apostado por una práctica artística plena y honesta. Nos ofrece una mirada sobre sus personajes, que se insertan en contextos difusos en los que subsisten suspendidos, revelando al espectador que no siempre lo evidente existe en lo real tal como lo podemos ver y apreciar.
Sus personajes, suspendidos en atmósferas etéreas, nos transportan a escenarios donde lo irreal se fusiona con lo íntimo, lo vivido. En esta conversación, el artista zuliano nos lleva desde sus primeras inquietudes hasta la vibración emocional que hoy habita en su obra más reciente.
¿Cómo descubriste tu vocación por el arte?
Fue una inquietud interna que tomó forma cuando tenía doce años, al visitar la casa de mi tía Milagro Carrizo. Su padre, Rufino Carrizo, me mostró un retrato hecho por él y fue como si algo en mí hiciera clic. No sabía nada de arte, pero supe que quería aprender eso. Él me explicó con humildad cómo trabajaba con cuadrículas, de manera empírica. Tomé ese consejo con gratitud y empecé a dibujar sin parar. Con los años, fui notando que tenía una destreza, una necesidad de seguir ese camino.
¿Qué papel jugó tu familia en este proceso?
Mi mamá fue mi primer marchante de arte. Ella vendía productos y, sin que nadie se lo pidiera, llevaba paisajes que yo había pintado en óleo. Se los mostraba a sus clientes como quien muestra un tesoro. A veces los vendía, y eso me ayudaba a comprar materiales. Ese respaldo fue crucial. Me reafirmaba que lo que yo hacía tenía valor, aunque entonces no lo entendiera del todo.

Sabemos que fuiste funcionario de la policía mientras estudiabas arte. ¿Cómo viviste esa etapa?
Fue una decisión difícil. Estaba en segundo semestre de la Facultad de Arte de la Universidad del Zulia cuando, por la situación económica y la salud de mi madre, decidí ingresar en la Policía del Estado Zulia. A pesar de lo contrastante, nunca dejé de dibujar. Incluso durante el curso policial, retrataba a mis compañeros y profesores. Eso me generó ingresos y me dio la posibilidad de seguir apoyando a mi madre, mientras mantenía vivo mi impulso creativo. Estuve quince años en la institución, llevando en paralelo mis estudios y mi obra, sin desviarme de lo que siempre quise ser: artista.
“Pinto para mantenerme fiel a quien fui de niño. Ese que dibujaba sin saber de técnicas, pero con la urgencia de decir algo verdadero. En el fondo, esa urgencia sigue ahí, todos los días, con cada trazo”.
¿Cómo ha evolucionado tu obra a lo largo de los años?
Mi obra ha pasado por tres grandes etapas. La primera, de 2004 a 2011, fue un periodo centrado en el dibujo académico, donde reinaba la figuración pura y técnica. Luego, entre 2011 y 2016, comencé la transición hacia la pintura, donde el dibujo convive con una explosión de color y texturas. Desde 2017 hasta hoy, mi trabajo ha madurado hacia una propuesta más personal, donde el color toma el mando y mis personajes ya no provienen del mundo visible, sino de mi imaginario. Hay una estética más introspectiva, una narrativa propia, y me interesa que cada personaje tenga un espíritu propio. Ya no busco representar lo que se ve, sino lo que resuena dentro, lo que surge desde mi imaginación. En este periodo, mi relación con el color se volvió más íntima, más emocional. Las escenas ya no están delimitadas por la lógica del espacio real, sino por atmósferas ambiguas donde mis personajes flotan, sobreviven y significan.

¿Quién ha sido clave en tu mirada artística?
José Ramón Sánchez. No me enseñó a pintar: me enseñó a pensar. Conversar con él me abrió la mente a otros enfoques, a interpretar el arte más allá de la técnica. Me hablaba de sus vivencias en Europa, de su forma de ver el mundo, y eso se sembró en mí como una semilla de cambio. Hoy, cada vez que me encierro en el taller, su voz sigue presente, como un eco.
¿Cuál ha sido el punto de inflexión en tu carrera reciente?
En 2017 conocí al coleccionista y galerista de arte Agop Tarsinian. Después de haber oído hablar de mi trabajo, se puso en contacto conmigo para solicitar una muestra de mis obras a través del teléfono. Al día siguiente me visitó y adquirió nueve piezas. A partir de ahí, se creó una conexión con mi trabajo que marcó un giro en mi obra, pues, a través de su ayuda, mi trabajo comenzó a circular internacionalmente. Tuve mi individual en Nueva York con la galería estadounidense Unix Gallery, un espacio donde nunca imaginé llegar a exponer. Pero más allá de lo geográfico, lo importante para mí como artista plástico es sentir que mi pintura conecta con público de cualquier cultura y que ella, mi obra, encuentra su lugar.
Muy buena entrevista. Admirable el trabajo de Johan que hace honor al talento creativo venezolano. Bravo!!
Muy bueno 👏🏻👏🏻👏🏻