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Walter Astrada. Foto Rubén Pupo

Fotoperiodismo sin heroísmo

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Fotógrafo argentino galardonado con tres premios World Press Photo, Walter Astrada ha desarrollado una destacada carrera internacional, trabajando en medios como Associated Press y Agence France Presse, y cubriendo desde Sudamérica hasta África Oriental. Radicado en Barcelona, combina su labor como freelance con proyectos de impacto, como el abordaje de la violencia contra la mujer y su experiencia con Esclerosis Múltiple. Además, imparte talleres y conferencias, compartiendo su visión profesional y su experiencia como miembro del equipo de formación de World Press Photo.

En marzo de este año, Astrada visitó Caracas en el marco de la exposición World Press Photo 2023. Durante su estadía, participó en el evento El fotoperiodismo, más allá de lo obvio, donde reflexionó sobre los desafíos y transformaciones que enfrenta la profesión en la era digital. Pero esta visita no fue una parada cualquiera: desde hace casi una década, Walter recorre el mundo en motocicleta, fotografiando manifestaciones culturales y escenas de la vida cotidiana.

El tiempo ha transcurrido desde aquella entrevista, pero las ideas que compartió Walter Astrada siguen siendo pertinentes. En un momento en que el fotoperiodismo se enfrenta a cambios profundos, su perspectiva ofrece una reflexión valiosa sobre el oficio y su capacidad para conectar con la humanidad, no desde lo heroico, sino desde la honestidad.


¿Es factible ejercer el fotoperiodismo aprovechando principalmente las redes sociales?

—Las redes sociales son plataformas para compartir contenido, pero no son medios de comunicación. A menudo, la gente se informa a través de ellas, lo que puede resultar en la difusión de noticias falsas. Además, estas plataformas tienen restricciones de censura. Aunque algunos fotoperiodistas comparten su trabajo en redes sociales, estas no pueden considerarse como medios de comunicación confiables.

¿Qué estrategias sugiere para iniciar una carrera en el fotoperiodismo, cuando no hay un camino claro en los medios de comunicación?

—¿Para qué quieren llegar a un medio? Los medios manipulan mucho lo que publican. Mi sugerencia sería buscar formas de ganar dinero fuera del fotoperiodismo e invertir en proyectos personales. Los medios ofrecen pocas oportunidades y mucha censura.

¿Es posible vivir del fotoperiodismo?

—No, no se puede vivir del fotoperiodismo. Una cobertura en agencia puede pagar unos 150 dólares al día, pero es insuficiente para sostenerte o emprender proyectos a largo plazo. Las becas o trabajar para ONGs no son garantías. Incluso cuando trabajas para una agencia, puede que no te envíen a cubrir lo que realmente deseas.

¿Cómo fue su experiencia en la exposición World Press Photo 2023 en Caracas?

—Fue similar a la experiencia en otros lugares. La organización la realiza World Press Photo. La charla fue interesante, pero noté menos asistencia de la esperada. Supongo que muchos tenían compromisos laborales o que quizás había demasiadas actividades durante la semana.

¿Qué temas abordaron en su charla?

—Discutimos sobre las categorías del World Press Photo, la inclusión de la Inteligencia Artificial en la categoría abierta y otros temas relacionados con la fotografía de prensa.

Ni perfectos ni indiferentes

Walter Astrada considera que el primer premio obtenido en el World Press Photo es el más memorable. Este reconocimiento, por su trabajo sobre la violencia contra las mujeres en Guatemala, marcó un hito en su carrera. La imagen que ganó el premio muestra a funcionarios del Ministerio Público examinando el cuerpo de Maira Esperanza Gutiérrez, una mujer asesinada de 16 disparos. Este logro llegó en un momento de incertidumbre para Astrada, quien se sentía como si estuviera empezando de cero, y le brindó la oportunidad de cumplir su deseo de viajar a Kenia.

En 2009, ganó nuevamente el primer premio en la categoría Spot News del World Press Photo, esta vez por su impactante cobertura de la violencia étnica en Kenia. Su trabajo comenzó con la desgarradora imagen de Lunes Lawiland, un niño de 7 años, gritando mientras un policía se acerca a su casa. Al año siguiente, en 2010, recibió otro primer premio en la misma categoría por su cobertura de la crisis política en Madagascar, un conflicto que estalló en febrero de 2009 y que resultó en disturbios, violencia y la intervención del ejército.

Foto: Walter Astrada

¿Qué significaron para usted los tres premios del World Press Photo?

—Son un reconocimiento al trabajo. Los premios han ayudado a que mis fotos se difundan más, especialmente en proyectos aún no publicados. En lo personal, me validan, aunque antes de ganar los premios ya era un buen fotógrafo.

¿Qué premio le ha emocionado más y por qué?

—Hubo dos premios que me emocionaron especialmente. Uno de ellos, ya desaparecido, se llamaba Photographers Giving Back (2009). Además de premiar al fotógrafo, otorgaban un reconocimiento adicional para apoyar uno de los temas documentados por el ganador. Gané este premio con una fotografía tomada en Kenia, que también fue nombrada Foto del Año. Al principio, pensé en donar todo el dinero para financiar la educación de un niño, pero luego decidí entregarlo a una mujer que había creado un refugio para mujeres víctimas de violación en el Congo. La idea de multiplicar el impacto, en lugar de concentrarlo en un solo beneficiario, me pareció mucho más significativa.

—El otro premio que me marcó fue el Miguel Gil Moreno (2010), otorgado en honor a un camarógrafo catalán asesinado en Sierra Leona. Este reconocimiento se entrega cada año a periodistas o fotógrafos que trabajan en temas de derechos humanos. Lo que me emocionó particularmente fue que este premio fue creado por amigos y familiares del camarógrafo, como un homenaje a su legado. Recuerdo que, al recibirlo, vi a la madre de Miguel Gil en la audiencia, y me conmovió profundamente porque me hizo pensar en mi propia madre. Recibir un premio en memoria de alguien que murió haciendo lo que yo hago fue, para mí, una manera de honrar su vida y su trabajo.

¿Cuál es el papel del fotoperiodismo en la justicia social?

—El fotoperiodismo desempeña un rol crucial al visibilizar injusticias y violaciones de derechos humanos, actuando como un catalizador para la conciencia pública y el cambio social. Un ejemplo concreto es la ayuda a mujeres violadas en el Congo, donde fotografías se han utilizado como evidencia de crímenes de guerra. Sin embargo, aunque la fotografía posee un gran poder, no puede actuar por sí sola; debe integrarse en un esfuerzo social conjunto. Las imágenes pueden denunciar represión o violencia, pero no son suficientes por sí mismas para generar cambios significativos.

¿Cuál ha sido el momento más desafiante o peligroso que ha enfrentado mientras documentaba una historia?

—El episodio más peligroso ocurrió en Madagascar, durante una manifestación. Me encontraba en el lugar cuando comenzaron a abrir fuego. Fue un evento inesperado y extremadamente peligroso. Aunque he trabajado en zonas aún más conflictivas, ese momento, con la muerte de 26 personas a mi alrededor, fue particularmente impactante. Sin embargo, ya lo he superado y lo considero parte del pasado.

¿Por qué poner en riesgo la vida?

—Decido ir porque creo en lo que hago. Pero reconozco que a veces he tomado riesgos innecesarios.

¿Usaba chaleco antibalas?

—No siempre. Sentía que llamaba demasiado la atención, algo que hoy sería inaceptable para las agencias. En ese entonces, me guiaba por las probabilidades. En Haití, por ejemplo, aunque nos «recomendaban» llevarlo, no lo utilizábamos.

¿Por qué no?

—Porque quienes protestan no lo usan. Llegar con un chaleco antibalas, como si fuera un «Robocop», me parecía que llamaba demasiado la atención y limitaba mi movilidad. No soy un soldado. Aunque sé que puede sonar insensato, en ese momento me parecía más lógico mantener un perfil bajo y confiar en mi sentido común. Calculaba los riesgos: si en una manifestación de 10.000 personas fallecían una o dos, las probabilidades eran bajas. Sé que no es la mejor decisión, pero así lo veía entonces.

¿Cómo equilibrar la ética de informar sobre eventos peligrosos con la preservación de la seguridad personal?

—No creo que uno arriesgue su vida deliberadamente, más bien es parte de vivir. Salir a la calle implica riesgos, como ser atropellado por un coche. Decidir cubrir una historia en un lugar peligroso significa aceptar conscientemente el riesgo, pero también saber que otras personas enfrentan ese peligro diariamente. Es una elección informada, no tomada a la ligera.

¿Cómo fue abordar el tema de la violencia contra la mujer?

—Realicé este proyecto de 2006 a 2012 como una iniciativa personal. Consideré fundamental documentar un problema que afecta al 50% de la población y tiene profundas implicaciones sociales. Observé que la mayoría de estos proyectos estaban liderados por mujeres, así que, como hombre, sentí la necesidad de aportar mi perspectiva. Además de la violencia contra la mujer, trabajé temas como el trabajo infantil, todos vinculados a los derechos humanos y sus violaciones. Comencé financiando el proyecto en Guatemala y, posteriormente, obtuve becas para continuarlo en países como el Congo, India y Noruega. Creo que abordar este problema desde una perspectiva global es esencial para generar conciencia y cambio.

¿Cómo canaliza las experiencias de violencia?
—Agarro mi moto y me voy a dar la vuelta al mundo.

¿Eso le ayuda a desconectarse?
—Sí, me permite recuperar las ganas de hacer fotos que no estén relacionadas con la violencia.

¿Qué impacto espera generar en el espectador con sus trabajos?

—No pienso en el impacto mientras realizo un proyecto. Una vez terminado, puede que suscite interés o que pase desapercibido. Por ejemplo, mi trabajo en Guatemala apenas fue publicado, a pesar de su relevancia. No obstante, el proyecto ayudó a quienes asistían a las víctimas de violencia, pues usaron mis fotos en sus informes. Al final, es un esfuerzo colectivo, no individual. No existe el «Superman de la fotografía»; somos parte de un equipo que busca informar y movilizar.

¿Cuál es el mayor mito o malentendido sobre el fotoperiodismo que le gustaría desmitificar?

—El mito de que somos héroes capaces de salvar a las personas con nuestras fotografías. En realidad, el fotoperiodismo sirve para informar y generar conciencia, facilitando que otros tomen acción. No podemos cambiar situaciones peligrosas únicamente con imágenes; nuestra labor es impulsar el cambio a través de la colaboración y el trabajo conjunto.

Walter Astrada nos ofrece una perspectiva sincera y realista del fotoperiodismo. Con una carrera marcada por riesgos y logros, su trabajo ha iluminado historias que de otro modo podrían haber pasado desapercibidas. Sin embargo, su testimonio también pone en evidencia las dificultades económicas y éticas que enfrentan quienes eligen esta profesión. Al finalizar la entrevista, una frase suya quedó resonando: “No somos héroes, no podemos cambiar situaciones peligrosas con solo tomar fotos”. Un recordatorio del rol del fotógrafo como testigo de la historia, más allá de los laureles y las adversidades.

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