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Gabriel Pilonieta Blanco. Foto cedida por Pilonieta

Gabriel Pilonieta Blanco:
Memoria visual de Mérida

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Gabriel Pilonieta Blanco (Mérida, Venezuela, 1955) destacado historiador, editor y fotógrafo venezolano, cuyo trabajo ha sido fundamental para conservar el legado fotográfico de Mérida. Actualmente es editor jefe del periódico El Tiempo Hispano y se dedica a la investigación y promoción de la fotografía histórica de los Andes venezolanos.

En esta entrevista, Pilonieta comparte su pasión por la fotografía, su visión sobre la importancia de mantener intactos los archivos visuales y los proyectos que ha liderado durante más de cuatro décadas. Con la publicación de los tomos I y II de Historia de la Fotografía en Mérida, invita a explorar la inexplorada memoria visual de los Andes venezolanos, poniendo en valor la obra de fotógrafos relevantes que habían sido olvidados y abriendo el camino para subsanar el vacío existente en la historiografía de la imagen en la región.


¿Cómo surgió su interés por documentar la historia de la fotografía en Mérida y plasmarla en varios tomos?

Mi padre trabajaba en Circuito Teatral Los Andes, donde desarrollé una fascinación por la imagen. Luego se convirtió en distribuidor de productos Kodak en Mérida, lo que me permitió estar en contacto con la fotografía desde niño. A los 16 años ya revelaba y copiaba. Mientras estudiaba historia, documenté un viaje a los cinco países bolivarianos y presenté un audiovisual en la Universidad de Los Andes. Ahí noté que la fotografía no se consideraba herramienta ni objeto de estudio en la historiografía. Esto me motivó a investigar y rescatar archivos fotográficos en riesgo de desaparecer. Además, promoví la fotografía en Mérida con la Galería Fotográfica Mandril y Fundaimagen, que organizó importantes encuentros nacionales e impulsó las Jornadas Fotográficas Latinoamericanas en Caracas.

Hace más de 40 años inicié este proyecto con tres objetivos: documentar la vida y obra de los fotógrafos, crear un banco de imágenes y difundir los hallazgos mediante publicaciones. Dado que la fotografía en los Andes ha sido históricamente ignorada en los estudios sobre Venezuela, estos tomos buscan llenar ese vacío y preservar un legado visual que, de otro modo, se habría perdido.

Usted menciona que están trabajando en un banco de imágenes sobre la fotografía de Mérida. ¿En qué estado se encuentra este proyecto y qué impacto espera que tenga?

Desde hace 22 años vivo fuera del país y, cada vez que regreso, noto con mayor preocupación la pérdida de archivos fotográficos. Mi intención nunca fue convertirme en coleccionista, pero con el tiempo entendí que, si no adquiría ciertas imágenes, simplemente desaparecerían. A raíz de la publicación del primer libro, algunas personas comenzaron a donar sus colecciones, lo que permitió recuperar archivos valiosos.

Un ejemplo es el de dos fotógrafos italianos que, en los años 60, documentaron Mérida con imágenes de altísima calidad, impulsando el turismo y la construcción del teleférico. Su archivo, que se creía perdido, fue recuperado gracias a un descendiente que me entregó miles de negativos en julio del año pasado.

Actualmente, estamos digitalizando esas imágenes en una oficina en Mérida y recibiendo más donaciones. La prioridad ahora es asegurar financiamiento para la continuidad del proyecto, ya que la conservación de los archivos requiere una infraestructura adecuada. Aunque aún estamos en una etapa inicial, la meta es consolidar un banco de imágenes que garantice la preservación de este invaluable patrimonio visual.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos que ha enfrentado en la preservación y recuperación de los archivos fotográficos de Mérida?

Uno de los mayores desafíos es la falta de infraestructura adecuada para conservar los documentos originales. Además, la migración y la carencia de recursos en muchas familias han contribuido a que importantes colecciones se deterioren o desaparezcan. La concienciación sobre el valor histórico de estos archivos aún es limitada, lo que dificulta conseguir el apoyo necesario para su preservación.

¿Cómo ha colaborado la comunidad en la conservación del patrimonio fotográfico de Mérida?

La colaboración ha sido fundamental. La comunidad se ha mostrado receptiva, realizando donaciones que han permitido rescatar colecciones olvidadas y dar nueva vida a fotografías de gran valor histórico.

Entonces, entiendo que, a medida que surgen nuevas donaciones e investigaciones, van trabajando en nuevos tomos sobre la historia de la fotografía en Mérida.

Así es. Algunos archivos son tan significativos que merecen libros propios. En abril viajaré a Italia para buscar una asociación con la ciudad natal de Franco Anzil y Valentino Mettler, dos fotógrafos clave en la historia visual de Mérida, para publicar un libro en italiano y español sobre ellos. También hemos recuperado el archivo de Oswaldo Jürgenson, un fotógrafo estoniano que documentó la transformación de la Universidad de Los Andes y la vida intelectual de Mérida en los años 60. Actualmente, digitalizamos sus 72 carpetas de negativos, cada una con unas 300 imágenes.

En cuanto a los tomos sobre la historia de la fotografía en Mérida, el primer tomo abarca hasta 1899 y el segundo hasta 1930. El tercero cubrirá hasta 1965 y tendrá mucho más material gráfico. De hecho, hay casi 100 páginas de diferencia entre el primero y el segundo por la cantidad de imágenes recuperadas, y estoy considerando una segunda edición del primer tomo con nuevas fotos encontradas.

La investigación continúa aun cuando se declare ‘ya terminé’. ¿Qué la impulsa a seguir avanzando?

Porque siempre aparecen nuevos hallazgos. Un ejemplo es Ralph Aldo, un geólogo norteamericano que viajó a Sudamérica en 1910 con una expedición de 200 geólogos para elaborar el mapa petrolero de la región. Era un aficionado a la fotografía y tomó muchas imágenes del país, pero su trabajo nunca ha sido reconocido como el de un fotógrafo. Estas fotos permanecieron inéditas y surgieron justo cuando ya habíamos terminado el primer libro. Por eso, en una segunda edición seguramente lo incorporaremos.

Lo mismo ocurre con archivos que aún no hemos localizado. Por ejemplo, Alfredo Jahn, conocido por su labor como ingeniero y por diseñar la carretera Transandina, realizó un levantamiento fotográfico de Venezuela durante sus expediciones geológicas para el gobierno de Gómez. Se sabe que tomaba fotos en cada viaje, pero su archivo está perdido. Solo he encontrado algunas imágenes originales en un museo en Berlín, pero son de Valencia, por lo que no sirven para este proyecto.

Uno de los objetivos de estos libros es sembrar pistas en mentes curiosas. Ya uno va de salida, pero nuevas generaciones de historiadores y fotógrafos podrán continuar esta labor y rescatar nuestro patrimonio visual e histórico antes de que se pierda por completo.

¿Se puede atribuir la introducción de la fotografía en Mérida a figuras extranjeras, como Camillus Farrand, o a un venezolano que la descubrió y difundió tras sus viajes?

No, se dan dos circunstancias. Tal como se observa en el primer tomo, existe una correspondencia entre dos primos merideños, Juan de Dios Picón Grillet y Vicente Lucete, en la que se lee: «Estoy probando la fórmula que me enviaste de fotografía». Tuve el privilegio de trabajar con el archivo de Juan de Dios Picón Grillet, ya que su nieto aún estaba vivo y se convirtió en la principal fuente de información para ese tomo. Gracias a ello, descubrí que, incluso antes de la llegada de Farrand a Mérida, ya se realizaban experimentos fotográficos, aunque muchas de esas pruebas han sobrevivido únicamente en copias de baja calidad.

Cuando Farrand llegó a Mérida, trajo consigo dos elementos fundamentales: la linterna mágica y la fotografía como tal. Seguramente, él trabajaba con ferrotipos, los cuales, por su naturaleza metálica, no pueden firmarse. Dediqué —y no exagero— 30 años a seguir sus pasos. Hoy, cierro ese capítulo con la publicación de un libro sobre él. Camillus Farrand no solo es pionero de la fotografía en Mérida, sino también de la fotografía estereoscópica en Sudamérica, abarcando países como Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Recorrí lugares como Colombia, Nueva York y Panamá para reconstruir su historia, y en breve publicaré Camillus Farrand. Latinoamérica en tercera dimensión. Es importante resaltar que estos libros son autoeditados, lo que convierte el proyecto en un esfuerzo completamente personal.

¿Cuál fue el papel de la mujer en la fotografía merideña? ¿Solo posaban o hubo alguna que la practicara?

Hasta donde sé, no hubo mujeres fotógrafas ejerciendo la profesión en Mérida. La única excepción que se podría mencionar es la esposa de Valentino Mettler, un fotógrafo italiano activo en los años 60. Aunque no era fotógrafa de profesión, manejaba la cámara y colaboraba en el laboratorio de su esposo, lo que indica que conocía los procesos fotográficos. Sin embargo, su rol se limitó más a la asistencia que a la creación autónoma.

¿Existe registro de la presencia de Henrique Avril en los Andes?

No, que yo sepa. Sin embargo, resulta interesante notar que en la revista que él publicaba, El Cojo Ilustrado, aparecen fotografías de Mérida tomadas por un fotógrafo poco conocido: Floro Manco. Este personaje es sumamente interesante, ya que, según mi criterio, fue el primero en producir postales en Venezuela, abarcando lugares como Puerto Cabello, Barquisimeto, Trujillo y, por supuesto, Mérida. Aunque se ha hablado de Henrique Avril, no hay confirmación de que él mismo haya estado en los Andes.

¿Cómo ve el futuro de la fotografía en Mérida actualmente? ¿Cree que las nuevas generaciones de fotógrafos están interesados en documentar su entorno, al igual que lo hicieron los pioneros?

Yo creo que sí, y una muestra de eso es la Bienal Mérida Imagina. La cantidad de fotógrafos que hay ahora, con ganas de mostrar y de crear su propia visión del mundo y de su entorno, es muy grande. Hay mucha gente joven trabajando en fotografía, además de contar con la herramienta que es el teléfono digital, que ha cambiado por completo la perspectiva del uso de la imagen. No hay manera de detenerlo. Ahora, en cuanto a las cualidades, eso lo veremos en el futuro.

¿Por qué cree que, a pesar de contar con un legado fotográfico local, solemos enfocarnos en la difusión del trabajo de fotógrafos internacionales—como Robert Capa, Robert Frank o Vivian Maier—y no en lo regional o en nuestra propia identidad?

Te lo explico con un ejemplo. Aquí tengo un libro publicado en Caracas titulado Fotografía Urbana Venezolana. Es un tomo enorme, que costó 100.000 bolívares en su época; lo adquirí para analizarlo y me di cuenta de que no contiene fotografías del interior del país, a pesar de llamarse «venezolana». Luego, tomé el siguiente tomo, Venezuela Siglo XIX en Fotografía, de Carlos Eduardo Misle, y sucedió lo mismo.

Cuando se revisa el trabajo de algunos autores como Dorronsoro, María Teresa Boulton o Padrón, se observa que la historia de Venezuela se centra en Caracas. Por milagro se menciona a Maracaibo, relacionado con el petróleo, pero se ignoran regiones donde la vida transcurre de manera distinta. Esto se refleja en una narrativa histórica centrada en la capital, dejando de lado la riqueza cultural y visual de otras regiones, como los Andes. Es fundamental construir una narrativa que reconozca que también en el interior se produjeron imágenes y se gestaron creaciones de gran valor histórico.

Para concluir, con toda la investigación que ha realizado y los archivos que ha adquirido o le han donado, ¿cuenta usted con algún heredero familiar que pueda continuar el legado que está dejando? Y mi otra pregunta es, ¿qué significa la fotografía para usted?

Bueno, voy a empezar por responderte la última. La fotografía es la ventana que tengo hacia el mundo. Me ha servido para expresarme a mí mismo y también para recordar lo que amo. Como llevo tanto tiempo fuera, a veces me entra una nostalgia muy fuerte. Cumplo con algo que es muy importante para mí: creo que tenemos que trascender en el tiempo. Y por eso lo hago, por amor y por pasión.

En cuanto a si alguien continuará con lo que estoy dejando, no estoy muy seguro. Mi hijo mayor es artista y músico, pero sus intereses son otros realmente. Por eso, como uno ya sabe que, por la edad y las circunstancias, hay que estar preparando la partida, el banco de imágenes es tan fundamental para mí, porque trasciende en el tiempo. No se trata solo de lo que tengo, sino de lo que queda ahí en ese banco. Por eso estamos trabajando en este proyecto con varias personas para lograr un financiamiento que permita su continuidad. Mientras tanto, seguimos formando nuevas generaciones en cuanto a conocimientos técnicos básicos.

Le agradezco mucho por compartir su experiencia y conocimientos, señor Gabriel.

Esta entrada tiene 8 comentarios

  1. Rosalba Romero

    Felicitaciones estimado Gabriel por tu tesonero, trabajo, por tu constancia y perseverancia y el amor por lo que haces y el llevar a un alto nivel de conocimiento y divulgación el importante papel de la fotografía en Mérida y Venezuela. Gracias, gracias gracias.

  2. Daniel Mejia Pilonieta

    Entrevista muy buena y el libro es excelente. Me gusto el primero. El segundo aún no lo he leído, pero seguramente será interesante como el primero!!. También espero el de Ferrand. Un abrazo

  3. Margherita Peressotti

    Gracias por haber recuperado y dado valor al gran trabajo fotográfico che hicieron my tío Franco Anzil y el señor Valentino Mettler

  4. Marianella Vera

    Excelente entrevista. Mucha constancia y dedicación para el logro de tu meta, Gabriel. Es importante que este trabajo tenga continuidad. Te felicito por este nuevo tomo y espero con entusiasmo la llegada de Ferrand. Un abrazo.

  5. Raquel rocha

    Hola Gabriel,

    Espectacular historia, el recuento está maravilloso. Has hecho un trabajo increíble. Te deseo mucho éxito y qué bueno poder compartirlo.

    ¡Un gran saludo!

  6. José Ignacio Vielma

    Mi nombre es José Ignacio Vielma y soy merideño. Tengo un reportaje documental sobre algunos pueblos de Merida, realizado entre 1980 y 1985. Lo pongo a disposición para contribuir a difundir la memoria visual de esta región tan hermosa.

  7. Luis Vera

    Super interesante. Además de estos libros que plasman la historia visual de una region tan hermosa de nuestra querida Venezuela, sería importante, en mi opinión, crear un museo o lugar dónde mostrar la historia fotográfica. Creo esto motivated futures generaciones.
    Felicitaciones Gabriel. Excelente trabajo.

  8. Luis Vera

    Super interesante, se me ocurre que, crear un museo fotográfico en Mérida sería no solo un aporte importante, también podría motivar futuras generaciones en esta area.

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