Te soñé en idioma de agua,
y olvidé cómo se camina.
Entre mis costillas,
un jardín de cuchillos pronuncia tu nombre.
La noche me viste de ti,
de tu ausencia,
de tu imposible.
Cada latido,
un clavo.
Cada recuerdo,
una hoguera.
Me nazco y me entierro en el mismo grito:
tú.