Durante el evento Nocturneando, las calles de Chacao y La Castellana se transformaron en un mosaico vibrante de vida y creatividad. En cada esquina, como si fueran estaciones de un tren imaginario, se ofrecían experiencias para los sentidos: arte en sus múltiples formas, melodías flotando como hilos invisibles, puestos de ropa y comida que evocaban pequeños mercados efímeros, colchones inflables que parecían burbujas listas para explotar de alegría, y obras de teatro que emergían de la nada como cuentos narrados al viento.
Pero en la intersección de la calle Miranda con la calle Urdaneta, algo distinto sucedía. Una puerta azul, rodeada de paredes blancas como lienzos en blanco, se alzaba en un silencio casi ceremonioso. Desde su umbral emanaba un brillo misterioso, un destello que parecía susurrar secretos al peatón desprevenido. Era una invitación tácita, un llamado a cruzar hacia esa oscuridad tentadora que, lejos de ser lúgubre, prometía un destello de belleza enigmática al otro lado. Allí, año tras año, la familia de Jaqueline Torres dedica semanas a la elaboración de un pesebre monumental, cargado de historia, emociones y un esmero casi artesanal.


La tradición comenzó hace décadas, de la mano de la bisabuela de Jaqueline. En aquel entonces, las figuras se armaban con tablas, palos y materiales rudimentarios, reflejando la sencillez y creatividad de quienes vivieron tiempos más austeros. Hoy, gracias a la evolución de las técnicas y el ingenio familiar, el pesebre se levanta sobre una estructura de tubos que facilita el montaje y desmontaje, sin perder la esencia que lo ha hecho perdurar. Todo a cargo y gestión del esposo de la señora Jaqueline.
Cada elemento del pesebre tiene su propia historia. Los muñecos, confeccionados a mano con tela y rellenos de algodón, son testimonio del talento de las mujeres de la familia: la tía, la abuela y la madre de Jaqueline dedicaron incontables horas a bordar los pequeños detalles que dan vida a las figuras. Estos no solo representan escenas tradicionales del nacimiento de Jesús, sino también retazos de la vida cotidiana y las costumbres familiares, como las reuniones para cantar aguinaldos frente al pesebre.
En el patio de la casa, una sección ha sido designada como el espacio permanente para esta obra. Allí, el pesebre se arma cada año y permanece hasta el 2 de febrero, Día de la Candelaria, cuando las figuras se guardan cuidadosamente en una habitación dedicada exclusivamente a preservarlas. La familia envuelve cada pieza con sumo cuidado, consciente de que en ellas reside el legado de generaciones pasadas.
Para proteger el pesebre de la curiosidad de los más pequeños, una discreta rejilla lo rodea. “Es importante que todos puedan disfrutarlo sin preocuparse por dañarlo”, explica Jaqueline, quien también menciona que cada año se suman nuevos detalles. Muchas veces, los visitantes traen ofrendas como pequeñas casitas o figuras en agradecimiento por milagros concedidos, lo que enriquece aún más la narrativa visual del pesebre.
Una de las piezas más preciadas es el Niño Jesús, una figura de origen español que adquirió la abuela de Jaqueline con gran esfuerzo. Esta figura especial solo se coloca la noche del 24 de diciembre, en un acto que simboliza el corazón de la tradición familiar. El honor de colocarla recae siempre en el miembro más pequeño de la familia. Este año, será la sobrina de Jaqueline quien tenga esa responsabilidad, un momento que se vive con emoción y solemnidad.

El pesebre no solo es un testimonio de la destreza manual de la familia, sino también de su ingenio y compromiso con la sostenibilidad. Uno de los elementos más destacados es la cascada, creada a partir de la base de un viejo aire acondicionado, complementada con piedras, cemento y una bomba que mantiene el agua en un flujo constante, simbolizando la vida y el movimiento.
El escenario está lleno de pequeños tesoros que cuentan historias: bodeguitas que parecen cobrar vida en cada rincón, los Reyes Magos avanzando lentamente hacia el portal, como si en cada día del Adviento se acercaran un poco más al momento crucial del 24 de diciembre. Los músicos, con arpas, cuatros y maracas, animan la escena, mientras una figura de una negrita disfrutando de una patilla aporta un toque de autenticidad y alegría. Cada detalle está impregnado de cariño y cuidado, convirtiendo el pesebre en una obra viva que celebra tanto la tradición como la creatividad familiar.
Para Jaqueline, el pesebre es mucho más que una tradición navideña. Es un símbolo de unión familiar, una oportunidad para transmitir valores y recuerdos a las nuevas generaciones. “Cuando éramos niños, nos decían que, si no nos íbamos a dormir temprano, el Niño Jesús no llegaría”, recuerda con una sonrisa. Ahora, aunque la familia es más pequeña debido a la migración y las pérdidas, la medianoche del 24 sigue siendo un momento de reunión, cuando todos colocan al Niño Jesús y comparten una oración.

Este año, el pesebre de la familia Jaqueline ha recibido una atención especial gracias a un evento en Chacao que permitió que más personas lo conocieran. Visitantes locales y extranjeros han quedado maravillados con los detalles y la dedicación que se refleja en cada rincón de esta obra. “Transmitimos un mensaje de paz, armonía y el valor de nuestras tradiciones”, comenta Jaqueline, convencida de que involucrar a los niños en la creación del pesebre es clave para mantener viva esta costumbre.
Aunque la familia trabaja en conjunto, Jaqueline ve en su hijo mayor al posible sucesor de esta tradición. “Es un trabajo arduo, pero el resultado vale la pena”, asegura. Y es que, más allá del esfuerzo, el pesebre no solo reúne a quienes lo crean, sino también a quienes lo contemplan, ofreciendo un espacio de reflexión y conexión con lo esencial. Definitivamente, el pesebre de la familia Torres es un patrimonio cultural vivo de Chacao, que no solo honra las tradiciones navideñas, sino que también preserva la memoria y el ingenio de generaciones pasadas, mientras inspira a las futuras a mantener viva esta hermosa costumbre.
Para quienes deseen visitar este rincón lleno de magia y tradición, el pesebre de la familia Torres estará disponible en su hogar, un espacio que se ha convertido en un faro de esperanza y belleza en medio de la ciudad.