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Taxista comiendo helado pasando por Plaza Venezuela. Foto: Mónica Pupo

Lo cotidiano, transporte
y la fotografía

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Las personas crean series fotográficas por distintas razones. Generalmente, surge la idea y se avanza con ella; en otras ocasiones, son un poco más pensadas, lo que implica planificación y ejecución. Andy Warhol lo plantea al decir: “¿No es la vida una serie de imágenes que cambian a medida que se repiten?”.

Hubo una época en mi vida en la que necesitaba usar constantemente taxis para trasladarme entre el trabajo, la universidad y mi casa.

Para mí, no hay nada más desesperante y aburrido que estar en un taxi. Entonces, decidí prestar atención a mis compañeros de viaje. Como los conductores no eran fijos, esto me dio la oportunidad de fotografiar a cada uno. No sé por qué comencé a fotografiar con mi iPhone. Era costumbre sentarme en la parte posterior, en diagonal al conductor. Esto me facilitaba documentar tres puntos de principal interés: el chofer, una fracción de los lugares por donde pasábamos y el interior del auto.

Creo que la primera vez que se me ocurrió tomarle una foto a un taxista fue por la singular decoración interna del auto. Era una típica escena de película mexicana: mucho color y adornos en el tablero, el zapatito de bebé colgando en el retrovisor, perritos que mueven la cabeza, peluches, imágenes religiosas, además de bolitas coloridas pegadas por todo el borde del parabrisas. Literalmente, sentías que se te cortaba la respiración por el exceso decorativo dentro de ese auto.

Con el tiempo, me di cuenta de que en el mundo de los taxistas se encuentra de todo. Hay que andarse con mucho cuidado y no escoger a cualquiera. Para ese entonces, no acostumbraba a entablar conversación con extraños y mantenía al mínimo la interacción. Sin embargo, como pasajera y con un proyecto en mente, me intrigaba conocer más sobre este mundo y escuchar sus opiniones. A medida que recopilaba los detalles, comencé a notar algo en mis fotografías: todas tenían un tema en común, pero cada una poseía una historia distinta por descubrir.

En todo caso, la serie de taxistas me enseñó a ser más observadora. Aunque fuera en un espacio reducido y en medio de la misma rutina diaria, era posible encontrar uno que otro elemento de interés para documentar. Susan Sontag lo explica así: “El mundo se convierte en una serie de eventos que transformas en imágenes, y esos eventos tienen realidad en la medida en que tengas imágenes de ellos”. Para capturar estas imágenes en blanco y negro de mis viajes en taxi, pasé más de dos años y las compartí, en su momento, en mi cuenta de Instagram.

Bajo el mismo tema, ¿Quién conduce Tokio? es el proyecto del fotógrafo documental Oleg Tolstoy. Se compone de retratos de taxistas y sus pasajeros, un mundo compartido y protagonizado por hombres y mujeres al volante. Resalta la formalidad en la vestimenta de los conductores, quienes usan trajes impecables y guantes blancos, así como las coloridas luces de neón reflejadas en el parabrisas y los sutiles gestos en los rostros de taxistas y clientes. Tolstoy admitió: “Como personas, naturalmente anhelamos la conexión, pero incluso en este pequeño espacio cerrado, la línea entre el conductor y el pasajero persiste. Me intrigaban estos profesionales que pasan la mayor parte de sus días en silencio, a pesar de que a menudo se sientan a menos de un metro de otro ser humano”.

Documentar la condición humana en espacios urbanos resulta atractivo para algunos fotógrafos. En las áreas metropolitanas se multiplican los momentos sinceros, espontáneos y únicos de personas que viajan en distintos medios de transporte. Uno de ellos es el metro, donde pueden registrarse las cuantiosas interacciones y emociones humanas que suceden y pasan desapercibidas entre quienes transitan absortos por estos espacios públicos en medio del tumulto.

Desde un enfoque empático y humanista, Ezequiel Carías nos presentó Amarilla, un proyecto fotográfico iniciado en 2017 y desarrollado en el subterráneo. Es un proceso personal y experimental de ida y vuelta en el Metro de Caracas. Amarilla fue registrada con un celular. Sobre esto, Carías menciona: “Es una herramienta que siempre tenemos a la mano, y gracias a ella podemos hacer fotografía de una manera que antes no podíamos, sobre todo de forma instantánea”.

El Metro de Caracas es una faceta más en la cotidianidad del fotógrafo. Le interesan más los traslados, las esperas, el confinamiento en espacios pequeños. Carías define esa experiencia como “tiempo muerto” y nos presenta imágenes complejas que desafían e invitan al espectador a construir una narrativa sobre las conexiones, la confrontación y la anarquía. Amarilla es una serie presentada en tricolor: blanco, negro y amarillo. Al autor le atraen las texturas y el alto contraste que pueden percibirse en esta modalidad fotográfica, pues considera que resaltan y adquieren mayor protagonismo. El trabajo de Ezequiel Carías fue exhibido en el Centro Documental de la Sala Mendoza.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Universal en octubre de 2021. Hoy lo compartimos con ustedes en Mirada Ecléctica.

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