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Alejandro Vásquez. Foto Audio Cepeda

Perros del mundo uníos

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Perros del mundo uníos, de Alejandro Vásquez, es un libro que entrelaza en sus 132 páginas, crónica, retrato y experiencia vital para acercarse, desde la sencillez, a la densidad de la condición humana. A través de encuentros con personas y sus perros en distintas ciudades de América Latina, el autor construye relatos íntimos donde el vínculo con el animal se vuelve espejo, refugio y compañía frente a la soledad, el desarraigo y la migración.

Lejos del énfasis grandilocuente, Vásquez opta por una escritura contenida y cercana, casi confesional, que nace de la observación cotidiana y del diálogo directo. El libro funciona como una bitácora de agradecimiento tras su regreso a Venezuela, un recorrido afectivo por Montevideo, Buenos Aires, Caracas y Maracaibo, donde desfilan bailarinas, militares, estudiantes, amigas, familiares y desconocidos, unidos por la presencia silenciosa y luminosa de sus perros.

Más que un libro sobre animales, Perros del mundo uníos es una meditación sobre la convivencia, la compasión y la posibilidad de habitar el mundo desde la empatía y lo esencial. Una obra que invita a mirar lo humano desde lo aparentemente intrascendente, allí donde, a veces, se revela el verdadero sentido de estar vivos.

Perros del mundo uníos puede conseguirse en formato físico a través de Amazon.

Portada del libro

Desearía que el lector sintiera que el universo es una inmensa danza donde todos los seres vivientes nos juntamos ineludiblemente en un río que marcha en cauce común.

Alejandro Vásquez Escalona

Cinco preguntas para Alejandro Vásquez 

¿Cuál fue el motivo inicial que dio origen a este libro?

Emigré con mi familia (mi hijo Samuel y su esposa Mauri, Vania, mi hija, e Ivette, mi expareja) a Uruguay en 2019. En 2022 acordamos que yo regresaría a Venezuela, a nuestra casa. Ellos continuarían su migración a Madrid, España. Me fui a vivir con mi hijo Samuel y su esposa los tres meses antes de venirme a Venezuela. El edificio tenía un coworking para los inquilinos, una especie de terraza interior abierta. Estaba solo. Escribía y fotografiaba todos los días. Fue una manera de rehacerme en soledad. Estaba recién separado de mi pareja. Llevaba un tren inmenso de ausencia y vacío existencial. Veía a la gente que sacaba a pasear sus perros asiduamente. Y ocurrió la epifanía. Una mañana, seguramente, me propuse hacer retratos y escribir sobre la gente y sus animales. Comencé en el edificio, pero no hubo mucha empatía, por eso decidí salir a una plaza inmensa que quedaba cerca. Abordaba a las personas, les proponía mi proyecto. Hubo más cercanía con los chicos. En Montevideo, en otoño, primavera y verano, las plazas y parques se llenan de gente, muchos con perros. Muchos. Desde el inicio me propuse, en mis conversaciones con las personas, acercarme a su condición humana expresada en la relación con su perro. Ese fue el sendero conceptual.

¿Mientras lo realizaba, qué le sorprendió descubrir de sí mismo?

Mientras escribía Perros del mundo uníos, también escribía otras cosas: crónica del proceso migratorio (Migra) y cuentos (Cuentos de fotografía), ambos textos terminados. Descubrí que escribir era una especie de trance, una alucinación. Descubrí la inmensa energía sanadora de la escritura. Me encantaba con cada relato de vida de las personas con quienes trabajaba. Comenzaba muy temprano a escribir lo que traía de la calle el día anterior. Terminaba entrada la tarde. Me sentía como en el nirvana al sentir que el texto me expresaba, que era una vasija donde habitaba mi corazón, dispuesta a emerger desde el mar adentro, a emprender nuevas dinámicas. Fueron unos noventa días de trabajo. Regresé a Venezuela por Buenos Aires. Me quedé un mes en casa de dos amigas. Escribí sobre ellas y sus perros. Naivi cierra el juego con doble Sena es una crónica sobre Naivi, mi amiga, su familia y su perra en Buenos Aires; fue finalista en el concurso de Lo mejor de Banesco en 2023. Entendí que era la manera de agradecer la compasión y hospitalidad conmigo. Llegué a Caracas, donde me quedé otros meses. Pasé quince días en Valencia y otro tanto en Barinas. En todas estas ciudades viví la misma dinámica de escribir y retratar a quienes me cobijaban. Silvia quiere escapar al silencio con sus perros es un relato sobre la esposa de mi hermano y su proceso de alzhéimer. Finalmente llegué a Maracaibo, donde escribí tres crónicas; entre estas, Vladimir Gil saluda el sol desde Karuna, propietario del centro de yoga Karuna Maracaibo, donde practico yoga.

¿Si su libro pudiera formular una sola pregunta al lector, cuál sería?

A los lectores les preguntaría: ¿ya sabías que es posible vivir más intensamente la condición humana, amando y valorando a todos los seres vivientes, sin exclusión?

¿Qué desea que el lector sienta al cerrar la última página?

Desearía que el lector sintiera que el universo es una inmensa danza donde todos los seres vivientes nos juntamos ineludiblemente en un río que marcha en cauce común. Desearía que intentara habitar en la intrascendencia, en la sencillez (como Perros del mundo uníos), pues, en no pocas ocasiones, en esas experiencias se nos puede develar el propósito de habitar en paz en estos territorios.

¿Qué imagen, escena o pensamiento sigue acompañándole desde que lo terminó?

Desde que terminé el libro me acompaña la imagen de Rafael Caldera, teniente coronel del Ejército venezolano, residente en Montevideo, que, uniformado, una mañana se bajó en la avenida principal de Lecherías, Venezuela, a recoger una perrita que arrastraba sus patas traseras en medio de una lluvia intensa. Hoy la perra linda, ya recuperada de la fractura de cadera, vive también en Montevideo. Me acompaña la imagen de mi cuñada Silvia, extraviada en el alzhéimer, pero colmando de amor a sus perros. Recuerdo a Naivi y su brega por sacar del país a veintidós familiares y a su perra Maia (ya muerta). Viaja conmigo la voluntad férrea de la venezolana Zhara Tawil, residente en Uruguay, de vencer dos veces un cáncer y mantenerse hermosa al lado de Teo, su perro. Me acompaña la visión del otoño de Montevideo, de su luz similar a la de París. Me acompaña la calidez de cada conversación sostenida para Perros del mundo uníos porque fueron charcos de luz, de calidez para volver a habitar la armonía como algo frecuente.


Perros del mundo uníos puede conseguirse en formato físico a través de Amazon.

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