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Livier Miroslava - autorretrato

“Me gusta retratar la diversidad”

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Desde sus primeros autorretratos a los 13 años, Livier Miroslava ha encontrado en la fotografía un espacio para explorar emociones, diversidad y autenticidad femenina. Su proyecto Retratos Para Sanar celebra la sensibilidad, el cuerpo y la identidad de las mujeres, transformando la experiencia de ser fotografiada en un acto de liberación y empoderamiento.

La cámara de Livier Miroslava no captura imágenes: cuenta historias, revela emociones y crea un vínculo íntimo entre fotógrafa y retratada. Su mirada se centra en las mujeres, en sus cuerpos, su autenticidad y sus emociones, buscando transformar la percepción que cada una tiene de sí misma. A lo largo de más de 25 exposiciones internacionales y colaboraciones con marcas como Huawei, Livier ha demostrado que la fotografía puede ser un medio de sanación y sensibilidad, incluso en un mundo dominado por filtros y tecnología.

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Cuando le pregunto qué le diría a la Livier de 13 años, recuerda la incertidumbre de esos primeros años y cómo aprendió a confiar en su pasión: “Híjole, pues que cómo cambian las cosas, que qué bueno que nunca dejó de hacer lo que tanto amaba y que no todo era tan negro como ella imaginaba. Que al final del camino siempre existe esa luz y que hoy en día puede vivir de hacer lo que ama”. Esa luz, explica, surge de la certeza de que la fotografía, aunque a veces complicada, nunca será reemplazada por la inteligencia artificial: “La inteligencia artificial nunca le va a ganar a lo humano que es que alguien te tome fotos y sienta esa sensibilidad al momento de hacerte esas fotos”.

Ese sentido de humanidad y conexión se refleja en su relación con las mujeres que retrata. Para Livier, fotografiar mujeres es un espacio de libertad y complicidad: “Me siento muy cómoda con otras mujeres, me siento libre de poderme expresar y de conocerlas más, conectar más, ver su sensibilidad, su sensualidad y cuidar mucho los detalles”. Sin embargo, reconoce que muchas veces las clientas llegan inseguras, cohibidas o rígidas frente a la cámara. Para ayudarlas a relajarse, conversa previamente con ellas, preguntando qué les gusta de sí mismas, qué no les gusta, e incluso adaptando las poses para que se sientan cómodas.

Esta filosofía de cercanía y autenticidad se refleja en su proyecto Retratos Para Sanar. Cada sesión busca capturar la esencia de la mujer, permitiendo que la imagen final se convierta en un acto de sanación: “Muchas me han dicho: ‘No sabía que podía verme así’. La fotografía no solo muestra cómo eres, sino que te ayuda a reconocerte y aceptarte”.

Entre sus obras, se encuentra la sesión de Diana, una mujer con tatuajes que Livier describe como una metáfora de la flor: “Para mí, ella era como una flor. A veces a las mujeres gordas no nos toman como delicadas ni femeninas, pero Diana florecía en ese espacio, mostrando que la belleza no tiene un tamaño determinado. No importa lo grande que sea la flor, es delicada y hermosa”. Cada imagen celebra la diversidad y rompe con los estereotipos de belleza, resaltando la autenticidad de la retratada y la identificación de Livier con su propio cuerpo.

Otro ejemplo de su enfoque femenino se ve en la sesión de Andrea, realizada en un campo abierto con espejos que reflejan tanto el entorno como a la propia modelo. Livier explica: “Se buscó que fueran diferentes elementos y que contrastaran entre sí mismos, haciendo que cada retrato tenga su propia narrativa”. Los espejos multiplican la perspectiva de la mujer, jugando con la identidad, la luz y el espacio, creando un diálogo entre lo interno y lo externo, entre la realidad y la percepción.

El agua también es un elemento recurrente en su trabajo, asociado a liberación, juego y paz: “Es un lugar donde puedes flotar, liberarte, crear… incluso hacer desnudos y sentirte cómoda. Es muy sanador y relajante”. Esta conexión con los elementos refleja cómo Livier busca que sus retratos no solo sean estéticamente bellos, sino también emocionalmente significativos para las mujeres que fotografía.

Además de los retratos emocionales y conceptuales, Livier ha explorado la fotografía social y comercial, colaborando con marcas internacionales como Huawei. Sin embargo, su eje siempre ha sido la experiencia femenina: mostrar cuerpos diversos, tatuajes, expresiones auténticas y emociones que muchas veces no se ven en los medios tradicionales. La autenticidad, dice, es la mayor enseñanza de su trabajo: “Entre más las voy conociendo, entre más me hablan de ellas, justo lo que siempre hay en todas ellas es este lado auténtico. Yo soy así y eso es lo que quiero tratar”.

Para Livier, la fotografía es una capirotada (postre mexicano típico de los estados de Aguascalientes): “Son muchos tipos de panes, muchos sabores, muchos colores… Así es mi fotografía: hay gente que la ama y gente que no. Es una diversidad gigantesca de lugares, elementos y personas”. Esa mezcla de experiencias, identidades y emociones es lo que hace que sus retratos femeninos sean tan poderosos y sanadores, un testimonio de que la fotografía puede ser, al mismo tiempo, arte, reflejo y terapia. “Me gusta retratar la diversidad en las mujeres… retrato personas que realmente solo quieren regalarse una sesión de fotos porque quieren verse a través de mis ojos”.

Hoy, su trabajo se exhibe en Ciudad de México durante la Semana del Arte, en las galerías Clavo y Fiera, de la mano de la galería Ruido, de Aguascalientes, y han viajado internacionalmente hasta Egipto. Cada exposición refleja su búsqueda por capturar la cotidianeidad y la magia de los lugares que habitamos, transformando la percepción de la mujer frente a la cámara y ante sí misma.


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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Walter Elias

    Muy bueno, Felicitaciones!

  2. Anabelle Laughlin

    La
    Mirada de la
    Mujer a la mujer que habita dentro de sí misma …
    Valoro éste tipo de trabajo que va más allá de la superficie y especie de pantalla visual con que se ha se le ha proyectado a través del subconsciente colectivo … Bravo!

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