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Metanoia, de Flama en SpazioZero

Metanoia: Transformación del ser

Hay exposiciones que interpelan, que empujan al espectador más allá de la comodidad de su butaca, que lo obligan a reconstruirse en cada imagen. Metanoia. La identidad y sus contradicciones, de Flama, es una de ellas. No porque imponga, sino porque sugiere, porque juega con lo reconocible y lo trastoca con la sutileza de una pérdida o un hallazgo. Es una exposición de fotografía, pero también un manifiesto visual sobre la identidad, la contradicción y la constante metamorfosis del ser. Un discurso sin palabras que, sin embargo, dialoga con la tradición pictórica, filosófica y cultural.

Flama, artista con formación en diseño, comunicación visual y fotografía, ha logrado en su primera individual un ejercicio de introspección que, lejos de volverse hermético, se expande en una propuesta visual que involucra al espectador. La muestra, expuesta en la galería SpazioZero, ubicada en Colinas de Bello Monte, ha sido recibida con entusiasmo por la comunidad artística. En su conversación con Marisa Mena y Lorena González, Flama reveló la compleja red de referencias, procesos y exploraciones que lo llevaron a construir esta serie.

Desde el inicio, Metanoia se despliega como un cuestionamiento a la idea de identidad fija. Marisa Mena, quien acompañó el proceso curatorial y textual de la exposición, introduce la noción del «cuerpo como hábitat», un espacio de permanencia y cambio. La identidad, en el discurso de la muestra, no es un bloque monolítico, sino una estructura porosa que asimila y descarta, se deconstruye y se reconfigura. Como señaló Lorena González en el conversatorio, al leer un extracto de Judith Butler en Bodies That Matter, la traducción de lo humano pasa por la revisión constante de sus límites y significaciones.

Lo interesante es que Flama no parte de una planificación consciente de estas referencias. Como él mismo menciona, el proceso fue de lo inconsciente a lo consciente. Criado en un entorno de arte, con una familia vinculada a la edición de libros y la museografía, absorbió sin darse cuenta un imaginario que luego emergió en su trabajo. La influencia de la fotografía de moda también es crucial en su obra, pero en Metanoia la despoja de su naturaleza comercial para convertirla en una herramienta de exploración conceptual.

Las referencias clásicas son evidentes en la exposición, pero no como citas literales, sino como ecos, resonancias de un lenguaje pictórico reinterpretado. Se evocan las composiciones de Zurbarán, la teatralidad del Barroco, la anatomía contenida del Renacimiento y la tensión emocional del Romanticismo. Pero en ese paseo por la tradición visual, hay una desestabilización de los cánones: el cuerpo, centro del clasicismo occidental, aquí se desarma y se reconstruye en una pluralidad de pieles y miradas.

El proceso de producción fue otro de los aspectos discutidos en el encuentro. Flama reunió a los modelos sin que se conocieran previamente, creando una atmósfera de vulnerabilidad y exploración mutua. Las sesiones, de más de diez horas, se convirtieron en un espacio de experimentación donde el desnudo no era un fin en sí mismo, sino un medio para investigar la interacción entre cuerpos, la percepción de lo propio y lo ajeno. La luz, siempre única y precisa, evocaba los claroscuros de Caravaggio y la intensidad lumínica de Ingres.

También hay una exploración material en la muestra: fotografías impresas en metal con texturas oxidadas, telas superpuestas que generan capas de significado, impresiones intervenidas manualmente. Cada elección formal refuerza la idea central de la exposición: la identidad es un palimpsesto, un archivo en continuo proceso de reescritura.

En un momento histórico en el que las normas de identidad son tanto objeto de liberación como de persecución, Metanoia se erige como un comentario visual sobre la necesidad de abrazar la contradicción. En palabras de Flama: «La coherencia humana es aceptar que somos múltiples, que no hay una sola manera de ser o de existir». Y quizás allí radica la verdadera potencia de la muestra: en su capacidad de interpelarnos, de hacernos dudar de nuestra propia fijeza, de permitirnos ser, aunque sea por un instante, otros y los mismos.


Más sobre el artista

Flama (Caracas, 1993) fotógrafo de moda y artista plástico con una sólida formación en imagen y fotografía, desarrollada en instituciones de Venezuela y España. Estudió en PRODISEÑO, la Universidad Monteávila y la Escuela de Roberto Mata en Caracas, donde en 2021 impartió un taller de fotografía de moda creativa. Continuó su formación en EFTI Madrid y en IDEP Barcelona, especializándose en moda, estilismo y dirección de arte. Desde 2019 trabaja como fotógrafo de moda para diversas marcas y medios como Vogue Latinoamérica, GQ Portugal y Metal Magazine. Paralelamente, desarrolla un proyecto artístico que fusiona arte y moda, participando en exposiciones en Caracas, Madrid y Barcelona. Ha expuesto en muestras colectivas como Corpóreos. Homenaje a Fran Beaufrand (2023) y 51 años del desnudo en la fotografía venezolana (2023). En 2023 presentó su primera exposición individual, Vidas genas, en Caracas, y en 2025 exhibirá Metanoia. La identidad y sus contradicciones en la Galería Spazio Zero. Su obra forma parte de colecciones privadas en Venezuela y España. Actualmente, reside y trabaja entre Barcelona, Madrid y Caracas.

Esta entrada tiene un comentario

  1. MMena

    Completísima esta reseña!!! Los felicito

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