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Sala del Cómic Avilés. Fotos Luis Rodrigues

Mortadelo y Filemón frente al futuro

Hay una forma de medir el paso del tiempo que no aparece en los calendarios ni en los libros de historia: volver a mirar aquello que alguna vez nos hizo reír.

Las 39 portadas de Mortadelo y Filemón que reúne La ciencia de Mortadelo y Filemón. Crónicas disparatadas de la investigación en España, exposición producida por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), permiten hacer precisamente eso. Distribuidas en dos plantas, las portadas recorren publicaciones aparecidas entre 1975 y 2018 y ponen en diálogo el universo disparatado de Francisco Ibáñez con la ciencia, la tecnología y los cambios sociales de varias décadas. Pero la exposición propone algo más que un encuentro entre ciencia y cómic. Propone volver a mirar el tiempo a través de sus imágenes populares.

Ibáñez murió en 2023. Sus personajes, sin embargo, continúan desplazándose por un mundo que reconocen y que, al mismo tiempo, ha cambiado radicalmente desde aquel enero de 1958 en que aparecieron por primera vez. El CSIC recupera estas portadas para establecer una conversación entre aquellas ficciones y la investigación científica, pero también para mostrar cuánto de la realidad de su tiempo quedó atrapado, casi sin querer, en el humor del dibujante.

Cada una de las portadas está acompañada por una contextualización que explica los acontecimientos, descubrimientos, noticias o debates que rodeaban su creación. Así, lo que a primera vista parece solamente un universo humorístico, este adquiere otra dimensión. La carcajada permanece, pero detrás de ella surge una época. El chiste se convierte en documento.

Una forma de mirar

Hay una virtud particular en el trabajo de Ibáñez: su capacidad para detectar aquello que estaba entrando en la conversación cotidiana. La ciencia, la tecnología, la política, la burocracia, las enfermedades, el medioambiente o los avances que prometían transformar el futuro podían convertirse en materia de humor. No pretendía hacer divulgación científica. Pretendía hacer reír. Y precisamente por eso resulta tan revelador comprobar cuánto de la conversación de su tiempo terminó filtrándose en sus historietas.

La exposición permite observar ese fenómeno desde otra perspectiva: una portada puede quedar fechada, pero aquello que la provocó puede continuar transformándose décadas después. Algunas de las preocupaciones que Ibáñez convirtió en humor forman todavía parte de nuestras conversaciones. Es ahí donde el pasado y el presente se encuentran.

El cómic también es memoria

Mortadelo y Filemón pueden correr el riesgo de quedar reducido, por su enorme popularidad, a la categoría de entretenimiento infantil o de recuerdo generacional. La muestra permite devolverle una dimensión que a veces se pierde precisamente por su familiaridad: la del cómic como lenguaje artístico. Ibáñez construyó una gramática visual propia. La deformación de los cuerpos, el movimiento llevado hasta el exceso, la acumulación de detalles, la expresividad, los disfraces, los juegos de palabras y el caos de sus escenas no son simples recursos humorísticos. Son herramientas narrativas que convierten la página en un espacio de movimiento permanente.

Su importancia dentro del cómic español no reside únicamente en haber creado dos personajes inolvidables, sino en haber demostrado que el humor gráfico puede ser una poderosa forma de narrar y observar una sociedad. Por eso estas portadas pueden mirarse hoy no como objetos de nostalgia, sino también como obra gráfica y como testimonio cultural.

Entre la carcajada y el conocimiento

De este modo, uno de los mayores aciertos de la exposición esté precisamente en esa doble lectura. Primero aparece la imagen de Ibáñez, con toda su velocidad y su desorden. Después llega el contexto y obliga a detenerse. El CSIC establece así un puente entre la cultura popular y la investigación científica. Los códigos QR permiten ampliar esa conversación y acercar al visitante a investigaciones reales relacionadas con los asuntos que aparecen en las historietas.

El mecanismo es sencillo: primero la risa, después la curiosidad. Aquí reside la importancia de la muestra. No intenta convertir el cómic en otra cosa, ni disfrazar de ciencia aquello que nació como humor. Hace algo mucho más interesante: reconoce que la cultura popular también puede ser una puerta hacia el conocimiento y que una historieta puede conservar, entre sus líneas y sus dibujos, las preocupaciones de toda una época.

Las 39 portadas terminan formando así un archivo peculiar de varias décadas de España. No la historia oficial, sino una historia hecha de inventos, temores, descubrimientos, avances, absurdos y promesas de futuro. Francisco Ibáñez hizo que Mortadelo y Filemón sobrevivieran a generaciones porque supo mirar la realidad y devolverla deformada, exagerada, convertida en carcajada. Ahora, después de su muerte, sus personajes siguen corriendo por esas páginas mientras el mundo que los rodea continúa cambiando.

Por todo ello, la exposición termina convirtiéndose en un singular recorrido por el tiempo: una forma de volver al pasado para comprender mejor el presente. Porque mientras nosotros seguimos intentando alcanzar el futuro, Mortadelo lleva décadas llegando tarde, mal y a golpes; pero, de alguna manera, siempre llega.

Sigue la ruta de la exposición

La muestra continúa su recorrido después de Avilés. Consulta las próximas fechas y sedes de La ciencia de Mortadelo y Filemón. Crónicas disparatadas de la investigación en España y sigue su ruta.

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