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Publicación Miradas coloniales: fotografía antropológica y colonialismo visual

Mirar es dominar

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Un recorrido crítico por la fotografía antropológica de los siglos XIX y XX que revela cómo la imagen, lejos de ser neutral, participó en la construcción de jerarquías raciales y en la legitimación del proyecto colonial.

Hay imágenes que parecen inocentes hasta que aprendemos a mirarlas. Rostros fijados en una pose rígida, cuerpos alineados frente a un fondo neutro, miradas que no devuelven la mirada. Durante décadas, estas fotografías fueron leídas como documentos científicos, como registros objetivos de la diversidad humana. Miradas coloniales: fotografía antropológica y colonialismo visual desmonta esa ilusión con precisión.

Desde el inicio, el libro sitúa la fotografía en el centro de un entramado mayor: “la fotografía como arma del colonialismo y soporte visual del racismo”. No se trata únicamente de imágenes, sino de un sistema de representación que participó activamente en la construcción de jerarquías, en la clasificación de cuerpos y en la legitimación de una idea de superioridad.

El ensayo de Miguel Ángel Puig-Samper, resultado de una investigación sostenida y rigurosa, recorre territorios diversos —las Antillas, Filipinas, México, el Chaco paraguayo, Brasil, Oceanía, Guinea Ecuatorial y el norte de África— para mostrar cómo la cámara operó como dispositivo de control. En cada caso, la imagen no documenta: produce sentido. Y ese sentido está atravesado por una mirada específica.

El prólogo de Rafael Sagredo Baeza ofrece una clave decisiva: “aunque casi totalmente ausente de las fotografías que componen este libro, en realidad el hombre blanco occidental es uno de sus protagonistas al ser quien no solo apretó el obturador, también quien seleccionó los sujetos capturados por su cámara, indujo las poses de los fotografiados, y, en definitiva, dominó al considerado ‘inferior’”. Esa presencia invisible organiza la lógica de la representación: quien mira también define.

Lo que estas imágenes construyen no es diversidad, sino una forma de reducción. La fotografía transforma “la diversidad cultural en uniformidad exótica, y por eso estigmatizada”, fijando a los sujetos en una narrativa que los presenta como tipos antes que como individuos. Así, los pueblos originarios, africanos o asiáticos quedan inscritos en categorías que, lejos de describir, legitiman la dominación.

La fuerza del libro radica en hacer visible esa operación. Cada retrato, cada archivo, cada colección deja de ser un documento pasivo para revelarse como un dispositivo activo. Se trata de una mirada “marcada por una visión supremacista hacia lo que se consideraba exótico, bárbaro, feo, atrasado, pobre y salvaje”. La reiteración de estos términos no es retórica: es estructural.

Pero Miradas coloniales no se limita a señalar el problema; expone sus mecanismos. Las fotografías analizadas, muchas de estudio, otras producidas en expediciones científicas o en contextos militares, forman parte de un entramado donde la antropología física, la tecnología fotográfica y el proyecto colonial convergen. Como se señala en el prólogo, estas imágenes “grafica[n] y representa[n] no solo el dominio colonial, los afanes científicos de la antropología, también procesos de construcción nacional”. La fotografía, en este sentido, no solo documenta imperios: los consolida.

Hay también una dimensión inquietante en su circulación. Daguerrotipos, álbumes, exposiciones y zoológicos humanos convirtieron la representación del “otro” en espectáculo. Lo que hoy leemos como archivo fue, en su momento, una pedagogía visual de la desigualdad.

Leído desde el presente, el libro adquiere una resonancia particular. No solo revisa un pasado incómodo, sino que revela la persistencia de ciertas formas de mirar. La historia que Puig-Samper reconstruye no está clausurada: sus ecos permanecen en la cultura visual contemporánea, en los modos en que seguimos representando, clasificando y consumiendo imágenes.

En este sentido, Miradas coloniales funciona como una herramienta crítica. Obliga a detenerse frente a la imagen y a interrogar sus condiciones de producción, sus silencios y las relaciones de poder que la atraviesan. Recuerda, con contundencia, que mirar nunca ha sido un acto inocente.

Publicado en 2024 por la editorial Los Libros de la Catarata, este volumen de 205 páginas constituye una aportación significativa al estudio de la relación entre fotografía, ciencia y colonialismo. Disponible en Venezuela a través de Océano Venezuela y en la Librería Kalathos, ubicada en el Centro de Arte Los Galpones.

Porque, al final, este libro no trata solo de imágenes del pasado. Trata de la forma en que aprendimos a mirar. Y de la urgencia —todavía vigente— de hacerlo de otra manera.

*Agradecemos a la librería Kalathos por facilitar el ejemplar para su reseña.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Walter Elias Pupo

    Muy interesante este artículo
    Me gustaría poder leer y «mirar»
    este libro.
    Felicitaciones. Muy buenas tus entrevistas y reportajes.

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