Miedos que creíamos superados en el siglo XX han regresado para instalarse en la vida de millones de personas. La posibilidad de una guerra de destrucción masiva que involucre armamento nuclear es uno de esos temores que ha retornado. Y aunque la doctrina de Destrucción Mutua Asegurada parece mantener una paz congelada, no está de más reflexionar sobre el peligroso camino que estamos recorriendo como civilización.
En busca de respuestas a ese temor, decidí volver a ver Devilman Crybaby (2018). La serie, de apenas 10 capítulos y dirigida por Masaaki Yuasa, es una adaptación de la obra publicada por Gō Nagai entre 1972 y 1973. La historia original es producto de la época que le tocó vivir a Nagai: la Guerra Fría y el miedo constante a la amenaza nuclear derivada de un posible conflicto entre Estados Unidos y la URSS. Por su parte, la adaptación es una extraordinaria serie de animación que, hoy, cobra una relevancia preocupante ante las constantes escaladas en la guerra de Ucrania. Advierto que, a partir de aquí, habrá spoilers.
Adaptada a nuestros tiempos, Devilman Crybaby narra la historia de Ryo y Akira, dos mejores amigos que descubren la amenaza del despertar de unos primitivos seres llamados demonios. Ryo es un joven rubio, carente de emociones, que es considerado un genio. Por su parte, Akira es un humano asustadizo que, por accidente, se fusiona con un poderoso rey demonio. Sin embargo, Akira logra conservar su corazón humano, lo que lo transforma de un joven tímido y llorón en un hombre con poderes bestiales: se convierte en Devilman. Ambos se unen para combatir a los demonios, sin saber que Ryo es, en realidad, Lucifer sin recuerdos, exiliado del cielo por Dios.
De esta premisa, que puede sonar disparatada, surge una serie de violencia desatada, erotismo crudo y humor negro como pocas veces se ha visto. Pero, sobre esa base, la historia desarrolla algo mucho más complejo: la lucha entre Dios y Satán. A medida que Ryo comienza a recordar quién es, decide revelar a los políticos y medios de comunicación la existencia de los demonios. Esta revelación es una clara referencia a la guerra híbrida de nuestros tiempos, ya que los líderes usan la noticia para fabricar enemigos externos e internos, consolidando así sus propios intereses. El diablo camuflado entre reporteros y políticos.
Ese escenario le sirve a Ryo para cumplir su objetivo. Los confundidos humanos se declaran la guerra unos a otros e inician una guerra termonuclear que termina con la completa aniquilación de la humanidad. Ryo y Akira libran una última batalla que se extiende por toda la Tierra. Tras el combate, los dos amigos descansan frente a un vasto mar rojo. «Las estrellas se ven claramente porque los humanos finalmente desaparecieron», dice Ryo mientras observan el cielo, como solían hacerlo cuando eran niños. Pero, al voltear, Ryo descubre el torso mutilado de su mejor amigo. En ese momento, lágrimas brotan de los ojos de Lucifer y corren por su rostro hasta el suelo. Por primera vez, el diablo experimenta amor. Con un gesto tan simple y, a la vez, tan profundo como el amor, Dios derrota al Diablo. Ahora, Lucifer estará solo por la eternidad, suplicando a Akira que no lo abandone.
Ese final nos revela la clave contra la barbarie. Ante un mundo cada vez más violento, que parece llevado de la mano del Diablo hacia su perdición, el amor es la única forma de salvarnos los unos a los otros. Sé que puede sonar cursi, pero el humanismo es la guía que todos debemos seguir para evitar que la Tierra se convierta en ese planeta oscuro de mares rojos que Yuasa retrata en Devilman Crybaby. Porque, como dice Father John Misty en su canción Pure Comedy: “odio decirlo, pero el uno al otro es todo lo que tenemos”.
Sobre el autor: José Dorrio es fotógrafo documentalista, profesor de fotografía y estudiante de Comunicación Social en la UCAB, Caracas- Venezuela. @jose-dorrio
Hola, uno no se da cuenta en que momento crecen nuestros hijos y muestran la comprención profunda para concluir que realmente lo unico que nos toca es ser «seres humanos»