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Los artistas venezolanos José García Oliva, Lucía Pizzani, Oscar Pabón, Jaime Gili

Venezuela expandida

Geografías de la memoria: cuatro artistas venezolanos en la primera Feria de Arte Latinoamericano de Londres

Londres suele reservar la semana de la feria de arte Frieze para las grandes narrativas del mercado global del arte. Sin embargo, entre el 15 y el 18 de octubre de 2026, una historia distinta encontró espacio propio. La primera edición de Paraiso Latin American Art Fair, la primera feria dedicada exclusivamente al arte latinoamericano en el Reino Unido abrió una ventana a las múltiples geografías culturales del continente y, dentro de ellas, a una coincidencia reveladora: los únicos venezolanos presentes fueron Lucía Pizzani, Jaime Gili, Óscar Pabón y José García Oliva.

Más que una representación nacional en el sentido tradicional, la participación de estos cuatro artistas evidenció algo más complejo: la transformación de la diáspora venezolana en una red de producción cultural que opera entre continentes, memorias y territorios.

En la obra de Lucía Pizzani (Caracas, 1975), la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en sujeto. Sus esculturas cerámicas y trabajos sobre papel, agrupados en distintas series presentadas en Paraiso Art Fair, nacen de investigaciones desarrolladas entre México, Brasil y el Reino Unido. Semillas, vainas vegetales, arcillas locales y procesos fotosensibles convergen en piezas que exploran la inteligencia de las plantas, las rutas migratorias de las especies y las relaciones entre el conocimiento científico y los saberes ancestrales.

Pizzani, quien además es hija del maestro Jorge Pizzani, desarrolla una narrativa plástica en la que los ecosistemas hablan en tiempos que exceden la escala humana. Sus referencias a la Mata Atlántica brasileña, a la geología costera británica de la zona del canal de la Mancha o a los bosques venezolanos no son simples citas biográficas. Son capas de una misma reflexión sobre la transformación, la adaptación y la supervivencia. La artista propone mirar la crisis ambiental desde una perspectiva de tiempo profundo, entendiendo que la historia de la Tierra es también una advertencia sobre nuestro futuro.

Si Pizzani trabaja desde la biología y la memoria ecológica, Óscar Pabón (San Juan de Colón, 1984) aborda los lenguajes de la modernidad desde la arquitectura, el espacio y los objetos cotidianos. En Londres presentó obras desarrolladas entre 2016 y 2026, entre las que incluyo sus conocidas intervenciones sobre alfombras orientales, convertidas en estructuras tridimensionales que cuestionan los límites entre el arte decorativo y la escultura moderna. Junto a ellas aparecen trabajos realizados con ladrillos de terracota recuperados o transformados, materiales que remiten tanto a la construcción física de las ciudades como a las formas de habitarlas.

 Oscar Pabón. San Juan de Colón, 1984. NUBE Gallery

En su discurso visual emerge una preocupación constante por las ausencias institucionales y por la fragilidad de las estructuras culturales venezolanas. Lejos de cualquier nostalgia complaciente, Pabón entiende su presencia en Paraiso Art Fair como parte de una realidad más amplia: la de una generación de artistas visuales dispersos por el mundo que han debido construir sus trayectorias desde múltiples geografías.

Esa misma condición migrante se manifiesta en la práctica de José García Oliva (San Antonio de los Altos, 1995), aunque desde una dimensión marcadamente social y política. Las obras que presentó en la feria proceden de extensas investigaciones colaborativas realizadas en universidades, sindicatos y comunidades de trabajadores migrantes del Reino Unido. Aspiradoras, escobas y herramientas asociadas a labores invisibilizadas se convierten en dispositivos para hablar de pertenencia, burocracia y trabajo colectivo. Entre ellas figuró Whispers Amidst the Noise, Landscape (bristle by bristle), una serie de dibujos vinculados a sus investigaciones sobre trabajadores agrícolas temporales en el Reino Unido tras el Brexit.

García Oliva evita las representaciones convencionales de la identidad latinoamericana. Sus proyectos, desarrollados junto a equipos de limpieza, trabajadores agrícolas y organizaciones comunitarias, funcionan como archivos vivos de experiencias migratorias actuales que raramente ocupan el centro de las instituciones artísticas.

Por su parte, Jaime Gili (Caracas, 1972) presentó obras vinculadas a Conuco, una investigación reciente en la que la abstracción geométrica dialoga con el paisaje del este de Caracas, la agricultura y la memoria cultural venezolana. Inspirado por experiencias en Petare, lecturas de La vorágine y reflexiones sobre la fertilidad de la tierra, Gili introduce curvas, tensiones orgánicas y referencias botánicas dentro de un lenguaje históricamente asociado al constructivismo y la abstracción moderna.

En su serie de pinturas, el conuco aparece como una metáfora poderosa. No solamente como espacio de cultivo, sino como territorio de resistencia cultural frente a las fracturas de la modernidad y a los relatos políticos que han intentado interrumpir la continuidad de la memoria. Desde Londres, Gili transforma la distancia en método y convierte el taller en una suerte de invernadero donde germinan recuerdos, lecturas y fragmentos del paisaje venezolano.

Jaime Gili. Foto: Anna-Rose Mcchesney

Vista en conjunto, la participación venezolana en Paraiso Latin American Art Fair no respondió a una estética común ni a una agenda compartida. Lo que unió a estos cuatro artistas fue algo más profundo: una capacidad para pensar el desplazamiento como herramienta creativa. Entre semillas, ladrillos, obreros y abstracciones botánicas, Pizzani, Pabón, García Oliva y Gili demostraron que la experiencia de la diáspora venezolana contemporánea ya no puede entenderse desde un único territorio.

En la semana en que Londres concentra la atención del mundo del arte, Paraiso Art Fair ofreció una lectura alternativa de Latinoamérica. Y los venezolanos presentes recordaron que, incluso lejos de casa, la creación sigue siendo una forma de cartografiar pertenencias, reconstruir memorias y ensayar futuros posibles.

Créditos: Lucia Pizzani. Foto Eloisa Arias/Abra Caracas. José García Oliva. Foto: Rita Silva

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