Hay exposiciones que se recorren. Otras se atraviesan, se sienten, se escuchan y, por un instante, nos vuelven conscientes de la respiración de lo vivo. Paisaje Expandido. Botanik, de Ricardo Arispe, inaugurada en el marco del 35 aniversario del Centro Cultural de Arte Moderno, es una de esas experiencias. Desde el primer paso, la sala deja de ser un contenedor neutral: se convierte en un organismo vibrante, un espacio donde plantas, algoritmos, proyecciones y visitantes comparten un mismo flujo sensorial.
El artista barquisimetano, analista de sistemas y creador de ColectiBot, transforma datos bioeléctricos, ambientales y meteorológicos en imágenes y sonidos que evolucionan sin pausa. En la experiencia, uno percibe la selva, la lluvia, los murmullos de un ecosistema tropical. El sonido es envolvente; la luz del sol de la mañana, que se filtra por los ventanales, diluye momentáneamente las proyecciones, recordándonos que el entorno físico también dialoga con la obra. No es casualidad: el paisaje no se impone, sino que nos hace partícipes de su flujo, revelando cómo la tecnología puede expandir nuestra percepción de lo natural.
La propuesta cuestiona la noción tradicional de autoría. ¿Quién genera la experiencia: el artista, las inteligencias artificiales autónomas, las plantas o la interacción de todos ellos? ColectiBot funciona como laboratorio vivo: entidades digitales como FEBO, AVA, JMROI, MARK y SOFI actúan como colaboradores autónomos que procesan datos, interpretan estímulos y producen obra. En este ecosistema ampliado, la autoría se diluye; se vuelve colectiva y posthumana. La obra invita a repensar no solo cómo se crea el arte, sino cómo lo habitamos y cómo nos habitamos en relación con lo vivo y lo artificial.

El recorrido dura aproximadamente 45 minutos. Cada instante revela un entramado de relaciones: el leve movimiento de una hoja genera un destello de luz; la humedad y la brisa se transforman en ritmos; los algoritmos responden a la microactividad del entorno. Los visitantes no observan pasivamente: su presencia completa el circuito, activando un paisaje que vibra, responde y se reorganiza ante cada gesto. No es una experiencia contemplativa; es relacional. Nos interpela, nos transforma y nos ubica dentro de un ecosistema que nos integra.
Paisaje Expandido. Botanik también es un ejercicio de pensamiento. Explora cómo lo orgánico y lo digital pueden dialogar sin jerarquías, cómo la naturaleza puede traducirse en lenguaje sin perder su misterio, y cómo las inteligencias artificiales pueden participar en un acto creativo que trasciende la singularidad del autor humano. Aquí, la estética se encuentra con la filosofía posthumanista: un territorio donde átomos y bits coexisten, donde la percepción y la conciencia se expanden y donde los límites entre observador y observado se desdibujan.
Tras vivir la obra, uno no sale igual. La experiencia deja una sensación de amplitud y de conexión, un entendimiento más profundo de la complejidad del mundo tropical, de la humanidad y de la tecnología que nos rodea. Se trata de un paisaje que no se mira desde lejos: se siente, se percibe, se habita. En la vibración conjunta, emerge un ecosistema sensorial que desafía la mirada y nos recuerda que somos parte de un todo, un círculo de vida donde todo está interconectado.

El trabajo de Rarispe integra los sentidos y lo visual , genera sensaciones perceptivas…