En esta conversación, la artista visual Suwon Lee, nacida en Caracas en 1977 y de ascendencia coreana, nos habla sobre Mr. & Mrs., un proyecto fotográfico profundamente personal en el que explora la historia de su familia a través de los álbumes de sus abuelos paternos, Chung Hwan Park y Kyung Chun Lee. Publicado en 2024 y coeditado por RM y Goma Editora, el libro recopila 183 imágenes en 376 páginas, presentando una narrativa visual sobre migración, memoria y la identidad cultural de la diáspora coreana en Venezuela.
Actualmente radicada en Madrid, Lee ha desarrollado una obra centrada en la exploración del paisaje, los fenómenos naturales, los astros y la luz, utilizando la fotografía como medio principal para conectar con su identidad y espiritualidad. En la entrevista, comparte cómo el hallazgo de estos álbumes transformó su percepción del pasado familiar y su relación con Corea, así como el proceso de selección y documentación de las imágenes. También reflexiona sobre la importancia de preservar la memoria a través de la fotografía y el impacto emocional de este proyecto en su vida.
Su obra forma parte de prestigiosas colecciones como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York y la Colección Patricia Phelps de Cisneros, entre otros.
¿Cómo surge la idea de hacer este fotolibro?
La idea nació en 2018, cuando me mudé a Corea y descubrí unos álbumes de fotos que habían pertenecido a mis abuelos paternos, Chung Hwan Park y Kyung Chun Lee. Aunque conviví con ellos en los años 90, muchas de esas imágenes me resultaban completamente desconocidas. Fue un hallazgo inesperado y conmovedor. Mi primer impulso fue documentarlas digitalmente, pero en lugar de escanearlas, decidí fotografiarlas. Este método me permitió registrar más de 1.300 imágenes, capturando no solo las fotografías en sí, sino también el paso del tiempo impreso en el papel, las texturas y los rastros de su historia.
Inicialmente, no sabía qué hacer con tanto material. Durante una residencia artística en Estados Unidos, comencé a organizarlas, pero fue en 2020, al mudarme a Madrid e inscribirme en un máster en producción artística en La Fábrica, cuando el proyecto tomó forma. Durante el máster, Horacio Fernández, historiador de la fotografía y especialista en fotolibros, nos encargó crear una maqueta para un fotolibro. Para el ejercicio, experimenté con un formato tipo acordeón, pegando las fotos con cinta en la parte trasera. A Horacio le encantó el resultado y, aunque las fotos ya estaban listas, le propuse colaborar; él aportó un texto que complementara las imágenes, y así nació el libro con su diseño de doble cara.
El diseño final, ejecutado junto a Jaime Narváez—con quien Horacio había trabajado anteriormente—se fue refinando: la maqueta original, que consistía en tres libros dentro de un estuche, se simplificó a un solo libro reversible. Posteriormente, y por cuestiones técnicas, reincorporamos el estuche para imprimir el código de barras y el ISBN sin afectar la estética. El estuche no solo cumple una función práctica, sino que refuerza la narrativa visual al conectar las imágenes de la portada.
¿Qué nos puede contar sobre su experiencia trabajando con Horacio Fernández?
Trabajar con Horacio fue un verdadero placer. Desde el principio, le conté en detalle la historia de mis abuelos paternos. A partir de esos relatos, él fue esbozando la estructura del libro y supo traducir, de forma poética y precisa, el viaje de estas dos personas en palabras. Su habilidad para sintetizar la historia con pocos elementos y unir los textos en un relato continuo permitió al lector descubrir gradualmente la relación entre los personajes. Lo que más valoro es que logró expresar con palabras lo que yo no habría podido plasmar, haciendo que su interpretación coincidiera plenamente con mi visión y enriqueciera el proyecto.
El libro existe en dos versiones: libro de artista y fotolibro. ¿Cómo influye el diseño de cada formato en la narrativa?
En el libro de artista se preserva la idea original del acordeón. Impreso en papel de morera de alta calidad y presentado en un estuche, su diseño está pensado para la exposición y cuenta la historia de manera exclusivamente visual.
El fotolibro, por otro lado, incorpora el texto desde el inicio. Horacio cuidó que cada frase dialogara con las imágenes en cada doble página, generando una experiencia de lectura más pausada que permite al lector absorber distintas capas de información. Esta integración palabra-imagen transforma la manera en que se percibe el relato, otorgándole mayor profundidad.
¿Cree que la fotografía vernácula puede transformar la memoria familiar en una memoria colectiva?
Absolutamente. Las fotos impresas han sido siempre fundamentales para contar nuestras vidas, pero en la era digital casi nadie conserva álbumes. Si no hubiera descubierto estos álbumes, nunca habría visto las imágenes de mi tatarabuela. Lo que sucede es una pérdida en la forma de generar, recordar y preservar la memoria. Este libro habla tanto de la vida de las personas como de la relación con nuestro pasado, convirtiéndose en un testimonio de lo que, quizás, en el futuro sea aún menos común recordar cómo era la vida en tiempos pasados.
¿Cómo influyó su identidad coreano-venezolana en este proyecto?
Encontrar estos álbumes fue como descubrir un tesoro olvidado. Al haber nacido y crecido en Venezuela, redescubrir esta parte de mi historia y la de mis ancestros significó ponerle rostro y narrativa a lo que había precedido mi vida. Gracias a la memoria prodigiosa de mi padre—quien reconstruía con detalle quiénes eran esas personas—pude armar un relato que se sintió como encajar la última pieza de un rompecabezas. La experiencia fue, en esencia, una forma de añadir capas a mi propia identidad, haciendo tangible una herencia que parecía perdida.
Después de haber encontrado el archivo familiar, ¿se hizo cargo de él?
No; los álbumes originales permanecen en casa de mis padres, intactos, mientras yo solo conservo los archivos digitales.
«Recordar, aunque a veces resulte doloroso, es fundamental para entender quiénes somos y para asegurar que esos recuerdos no se desvanezcan con el tiempo«.
Suwon Lee
¿Por qué decidió centrar el proyecto en la historia de sus abuelos?
En los álbumes aparecen muchas personas: tíos, mi padre en diferentes etapas y otros familiares. Sin embargo, mis abuelos son los protagonistas indiscutibles, ya que aparecen en la mayoría de las fotos. Mi abuela, por ejemplo, tenía una obsesión por fotografiarse, y mi abuelo mostraba su interés por la imagen a través de su propia cámara. Esta singularidad y la abundancia de imágenes de ellos hicieron que decidiera que su historia sería el punto de partida del proyecto.
Reflexionando sobre la cultura coreana, ¿Qué reacciones le han sorprendido de su familia y del público al tratar un tema tan personal?
Mostré el libro de artista en Seúl en 2022 y tanto mis tíos como mis padres se emocionaron al ver las fotos organizadas de forma narrativa, algo que jamás habían experimentado. Además, el fotolibro enviado a algunos familiares fue recibido con orgullo y emoción. Aunque la historia es muy íntima, la reacción general ha sido positiva, lo que confirma que, a pesar de estar ubicada en un contexto coreano, su esencia es universal—una telenovela en formato libro que refleja alegrías, tragedias, amor y resiliencia.
La elección del título es fundamental. ¿Cómo llegó a la decisión de llamarlo Mr & Mrs?
Opté por Mr & Mrs en lugar de Mr & Mrs Lee para que el relato no se limitara a la historia de dos coreanos, sino que hablara de dos personas. Durante la creación de la maqueta, Jaime y yo quisimos marcar una distinción sutil: la tipografía sin serifa para “él” y con serifa, más ornamentada, para “ella”. Este detalle refleja, de manera delicada, las diferencias emocionales y expresivas entre ambos. Además, un stamping metálico en la portada y el estuche, con un acabado dorado cobrizo, aporta un toque especial al diseño.
¿Cómo se relaciona este libro con el resto de su obra fotográfica?
El libro se integra de manera coherente en mi obra, en la que exploro temas como el paso del tiempo, la migración y la identidad. Utilizo el formato secuencial en series fotográficas—como el registro del sol en Islandia o la puesta de la luna en las Islas Canarias—y en proyectos en video, donde el transcurrir del tiempo es protagonista. Así, el libro se transforma en un medio que narra historias en imágenes, casi como una secuencia cinematográfica, en la que la fotografía no solo documenta, sino que también cuenta.
¿Cuál es el papel del artista en la reconstrucción de la memoria histórica y familiar?
Mi labor consiste en construir un relato que reconstruya la memoria. Este proyecto es, en parte, una autobiografía: cada obra está intrínsecamente ligada a mi propia historia. Se trata de continuar una investigación personal que abarca temas universales—tiempo, espacio, identidad y migración—y que se volvió posible al redescubrir estos álbumes tras mi experiencia migratoria fuera de Venezuela.
¿Cómo espera que el libro resuene en públicos tan distintos como el coreano y el venezolano?
Espero que, sin importar el origen, cada lector se sienta identificado y activado a explorar su propia historia personal y familiar. Que el simple hecho de sostener el libro invite a reflexionar sobre el pasado y a valorar la memoria, no solo como un testimonio familiar, sino también como un recurso cultural que, de no preservarse, se pierde para siempre. El libro se presenta como un llamado a ser guardianes de nuestras historias, en un momento en el que la fotografía analógica ha dado paso a lo digital.
¿Explorará proyectos similares en el futuro?
Sí, cuento con un extenso archivo y este libro es solo el inicio. Tengo muchas ideas que, en el momento oportuno, se desarrollarán a partir de este material tan rico. Por ahora, me siento satisfecha con este resultado, que marca un buen comienzo para futuras obras.
¿Qué mensaje general espera transmitir sobre la memoria, la historia y la diáspora?
Este proyecto surge en un momento particular para muchos venezolanos, tanto los que hemos emigrado como los que permanecen, con la familia dispersa por el mundo. Mi intención no es imponer un mensaje, sino compartir mi experiencia personal y, en ello, inspirar a otros a rescatar y valorar sus propias historias. Recordar, aunque a veces resulte doloroso, es fundamental para entender quiénes somos y para asegurar que esos recuerdos no se desvanezcan con el tiempo.
Que interesante este trabajo. La importancia del album familiar. Algo que creo se ha perdido con lo digital, ahora las memorias quedan en teléfonos que cambiamos todos los años, en discos duros dañados. Algo que guardamos solo para nosotros puede ser interesante, como el caso de vivian maier. Saludos desde Sevilla.
Hermoso trabajo que invita a replicarlo sin duda